GUIÓN DE LECTURAS 3ª
EVALUACIÓN. 2º BACHILLERATO.
LA COLMENA,
CAMILO JOSÉ CELA.
Cela concibe en 1945 una
serie novelesca a la que da el título de “Caminos inciertos”. La
colmena será la primera y la
única obra de tal ciclo. La comenzó en 1945 en Madrid y la remató
en el verano del 48, aunque ya había entregado a la censura una
versión más corta en 1946, pero ésta la rechazó por “inmoral y
pornográfica”. Por fin verá la luz en Buenos Aires en 1951. Aún
pasarían unos años hasta su publicación en España, pero pronto
circuló entre los lectores y hoy es una obra clave en la novelística
española contemporánea.
ESTRUCTURA
Y CONTENIDO.
Cela
señaló la complejidad de su arquitectura y la denominó “novela
reloj”.
Desde el punto de vista
más externo, la novela se compone de seis capítulos y un
“Final”. Cada capítulo está integrado por una serie de
secuencias separadas por un espacio en blanco de longitud
variable. Cada una de ellas se centra, en general, en un personaje o
en varios relacionados. A menudo se trata de una composición
simultánea: varias secuencias transcurren en un mismo momento.
La suma de esas secuencias (213 en total), es el conjunto de las
“celdillas” de la colmena. El resultado es un ir y venir de
personajes, que el autor va tomando, dejando y volviendo a tomar en
rápidos apuntes (es lo que se conoce como estructura
caleidoscópica). Son vidas que transcurren paralelas o
entrecruzadas: la vida de cada uno podría considerarse como un
cuento si fueran independientes, de hecho, podría considerarse la
obra como una serie de cuentos imbricados gracias a un hábil
montaje.
Todas ellas tejen un
vivir colectivo, que es el objetivo primordial del novelista:
la vida de Madrid en 1942 o 1943.
La unidad de la
novela viene dada por las múltiples relaciones que el autor
establece entre los personajes y por la impresión dominante del
ambiente social y moral, así como por la reducción espacial y
temporal.
En cuanto al tiempo,
abarca poco más de dos días invernales del año 42 o 43. Su
disposición se ha prestado a diversas interpretaciones, en las que
no nos vamos a detener (hoy se ha impuesto la de Sobejano). Lo
importante es que esta organización del tiempo, indisolublemente
unida al entrecruzamiento de personajes, se debe la impresión de
laberinto o caos humano que produce la novela. En ella las
cosas van, como dijo el autor, “como van por la vida”.
Responde, por tanto, su
estructura, al modelo llamado “novel abierta”, que
se opone a la “novela cerrada”, que cuenta con un argumento
sólido y un final cerrado, de acuerdo con un plan previo. La
colmena carece de “argumento”
y de desenlace. No sabemos qué será de los personajes más allá de
la última página, todo queda inconcluso, y la incertidumbre
es un elemento decisivo tanto de la estructura como de aquellas
vidas.
PROTAGONISTA
COLECTIVO.
La
novela llamada colectiva no era nueva: Dos Passos, Thomas Mann,
Huxley o Sartre, y en España, “El ruedo ibérico” de Valle
Inclán, habían escrito obras en esta línea, pero Cela no sigue
exactamente ninguno de estos modelos.
En
la obra 296
personajes
(además de 50 personas reales) bullen por sus páginas. Los que
alcanzan cierto relieve son 45, y de éstos hay todavía algunos que
destacan aún más. Ante todos, Martín
Marco
“no es uno de tantos, no es un hombre vulgar”. Pero ello es
irónico: en realidad, ese escritor no pasa de ser un pobre hombre
que va dando tumbos por la vida. Asistimos a su desvalimiento, sus
miedos, sus preocupaciones, sus mezquindades... Y es él el centro
del capítulo central, en el que se refuerza aquella sensación de
incertidumbre propia de esta novela abierta.
Destacan
igualmente doña Rosa, la intemperante y despreciable dueña del
café; la hermana de Martín Marco, Filo, ejemplo de mujer
sacrificada por las estrecheces económicas, y su marido, don
Roberto, el pobre pluriempleado; la familia de los Moisés, con doña
Visi, beata y ciega para lo que la rodea; su marido, el rijoso don
Roque, y sus hijas, especialmente Julita, que se reúne con su novio
en la casa de citas; la señorita Margarita, buscona marchita
condenada a la soledad; Victorita, la muchacha que se vende para
llevarle medicamentos y comida a su novio enfermo de tuberculosis; o
Petrita, criada de pobres...
En torno a ellos pululan el poeta joven, el ridículo, el señorito
vividor, el pedantón...., y las mujeres de todas clases: beatas,
prostitutas del más variado nivel, dueñas de casas de citas,
alcahuetas....
En
general se trata de gentes
mediocres
y , a menudo, de baja
talla moral.
Pocos se salvan de la vulgaridad. Abundan los despreciables
(especialmente entre los acomodados). Son frecuentes lo hipócritas y
ridículos. Pero también hay figuras conmovedoras, desvalidas,
apaleadas por la vida; a veces, con una chispita de nobleza.
Como
ya hemos señalado, las relaciones
que se van estableciendo son fundamentales y responsables de esa
“novela reloj” “de múltiples ruedas y piececitas que se
precisan las unas a las otras para que aquello marche”.
En
cuanto a la
caracterización de los personajes,
la técnica dominante es la de la novela “behaviorista”:
conocemos a los personajes por fuera, a través de sus propios actos
y de sus palabras. Es, por tanto, el diálogo,
el que ocupa un lugar eminente en su caracterización: lo que dicen y
cómo lo dicen, de ahí la variedad de registros y la adaptación del
habla a la índole del personaje. Sin embargo, no es procedimiento
exclusivo: hay también verdaderos retratos
hechos de prosopografía y etopeya, principalmente en el caso de los
personajes poco desarrollados.
El ambiente de
la obra es, sobre todo, humano: la suma de personajes. Pero, aunque
menos que éstos, también interesa el marco en que se mueven: una
precisa geografía urbana, el Madrid de la época, dentro de
la que destacan ciertos bares y cafés, algunas casas particulares y
casas de citas...
Las técnicas de
descripción o ambientación son variadas: la mayoría de las veces
recurre a la técnica impresionista para lograr el ambiente
que persigue con pinceladas precisas (el café de doña Rosa, varias
casas particulares...). En algunas ocasiones hay descripciones
relativamente detalladas, aunque nunca largas (la habitación de la
casa de la citas).
LA ACTITUD DEL AUTOR
Y EL PROBLEMA DEL REALISMO.
Cela
se considera un “autor oculto”, acorde con el enfoque objetivista
o behaviorista, aunque algún crítico lo sigue considerando presente
y omnisciente. Lo que ocurre es que en la obra no faltan las
intervenciones del autor (ya dijimos), se dirige a los lectores (ya
sabéis) y son frecuentes las reflexiones sobre el comportamiento o
la índole de los personajes y de la vida en general; su presencia
se percibe además en los rasgos humorísticos o lúdicos y en el
sarcasmo o ternura que le inspiran unos y otros.
Es,
pues, un autor omnipresente, por ello no podemos hablar de
objetivismo en sentido estricto, y esto nos plantea el problema del
realismo. ¿Hasta qué punto puede considerarse realista la novela de
Cela? El propio autor afirma que La
colmena “no
es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sobra de la
cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad”. Abundan,
entre la crítica, opiniones contrarias al autor que pueden resumirse
en dos posturas: a) Cela opera una selección de la realidad, por
tanto, no es parcial; b) Cela realiza una estilización deformante,
con rasgos muy cercanos al esperpento (animalización, cosificación,
contraste, mordacidad...).
Sin embargo, llevar a cabo una selección resulta forzoso en toda
novela, así como una estilización deformante resulta legítimo
artísticamente.
ALCANCE
SOCIAL Y EXISTENCIAL DE LA OBRA.
El
tema central de la obra es la incertidumbre
de los destinos humanos. En
torno a ello, hay otros
temas
o motivos dominantes: el hambre, el dinero, el sexo, el recuerdo de
la guerra... Y todos ellos confluyen en una misma idea: la
alienación.
La
obra es un testimonio
social,
a pesar de que algunos críticos hayan señalado que no hay en ella
un enfoque dialéctico propio de la novela “social” en el sentido
más estricto. Sus personajes pertenecen a diferentes estratos
sociales: los ricos y triunfadores, que son los avasalladores,
insolentes o inconscientes; y por debajo, diferentes escalones: desde
los del “quiero y no puedo” hasta la pura miseria.
Dentro
de los temas
sociales,
con frecuencia se habla del hambre y la penuria económica, y entre
las miserias morales, resultan claras los casos en que la degradación
tiene causas sociales concretas.
Con
lo social también se enlazan las alusiones
políticas y la sátira a la moral conservadora,
rayana en la batería o aliada con la hipocresía social.
Las
notas comunes al mundo de La colmena serían la insolidaridad
y la impotencia
(nadie parece rebelarse), por lo que estamos ante una masa alienada.
Cela
ha paseado su espejo (deformante, si se quiere) ante la sociedad
madrileña de la posguerra, y aun deformada, esa sociedad
está en la novela.
Junto
a la significación social, la obra posee un amplio alcance
existencial
cuya raíz estaría en la desesperanza del autor, en su desolada
concepción del mundo. El enfoque existencial amplía el alcance de
La colmena, a
la vez que restringe su alcance o enfoque social: lo social existe
como contenido ineludible, no como actitud dialéctica ni como
propósito explícito de reforma.
La
colmena es
la precursora de la NOVELA SOCIAL DE LOS AÑOS 50, aunque, como
acabamos de explicar, se encuentra en el gozne entre lo existencial y
lo social. Además, en el plano técnico, su papel fue innovador y su
influencia indiscutible.
EL TRAGALUZ,
BUERO VALLEJO.
El tragaluz se
estrenó en octubre de 1967 y su éxito superó ampliamente el de las
anteriores obras del autor: la crítica fue elogiosa, con escasas
salvedades.
La obra se sitúa en la
segunda época del autor, que abarca obras que van de 1958 a
1970. El predominio del enfoque social corresponde a esta
época, pero esto no supone un descenso en la atención por el
individuo concreto o por las facetas morales, aunque se
insiste más en las relaciones entre el individuo y su entorno.
Los actos individuales quedan enmarcados en un tiempo y unas
estructuras sociales concretas, con sus tensiones, sus formas de
explotación o de opresión. Y se hace hincapié en las raíces y las
consecuencias sociales de los actos. Así, los problemas de la
justicia, de la libertad, de la responsabilidad, etc, adquieren
dimensiones nuevas y más precisas. Por tanto, lo social cobra una
importancia vital, sin merma de lo existencial y siempre entrelazado
fuertemente con el enfoque moral. Además, la obra ilustrará las
novedades técnicas de aquella época.
EL EXPERIMENTO.
El tragaluz es,
en cierto sentido, una obra “histórica”: desde un momento del
futuro (el siglo XXV o XXX, según Buero), “dos investigadores”
proponen al espectador un experimento:
volver a una época pasada, el siglo XX, para estudiar el drama de
una familia cuyos miembros sufrieron una guerra civil con sus
secuelas.
El
espectador se ve obligado a adoptar, en cierto modo, una perspectiva
futura para enfrentarse con con una época que es la suya. Y los
investigadores dicen que “debemos
recordar..., para que el pasado no nos envenene”,
palabras que juegan una función esencial de la Historia: conocer el
pasado para asumirlo y superarlo, desechando odios, venciendo
tendencias nocivas y extrayendo lecciones para caminar hacia el
futuro. En este sentido, pues, estamos ante un drama “histórico”,
aunque nos traslade al mismo momento en que se estrena la obra y
evoque nuestra historia cercana: la guerra civil.
En
este “experimento”,
Buero ha recurrido a conocidos elementos de la ciencia
ficción: se habla de
“detectores” de hechos pretéritos y de “proyectores
espaciales”. Asistimos, pues, a un montaje
de imágenes traídas del pasado y a su proyección estereoscópica
(hoy hablaríamos, tal
vez, de un vídeo tridimensional). La reconstrucción de los diálogos
es importantísima, pero no sólo se nos van a dar imágenes reales,
sino también pensamientos,
cosas imaginadas por algún personaje: fundamental será el ruido del
tren, que traduce un recuerdo y una obsesión claves.
La
“proyección” será interrumpida por los investigadores con
diversos comentarios.
Para Buero, estos personajes eran fundamentales para conseguir del
público determinada actitud y dar a la obra la significación que se
proponía.
LA
“HISTORIA”.
Se
nos presentan unas vidas doblemente marcadas por la guerra:
por sus secuelas (muerte de una hija, pobreza...), pero, sobre todo,
por un dramático episodio del final de la guerra que separó al hijo
mayor, Vicente, de los demás: fue el único que pudo escapar en un
tren hacia Madrid. Las onsecuencias de tal hecho serán funestas. Y
pronto surgirá ante el espectador la duda acerca de la
responsabilidad de Vicente. En cualquier caso, las vidas de todos han
ido por caminos muy distintos desde entonces: en los años 60,
cuando comienza la obra (el “experimento”), Vicente estará bien
situado, “instalado” en la sociedad; en cambio Mario, el hermano
menor, vive pobremente en un semisótano con sus padres: una madre
resignada y un padre que ha perdido la razón. Las relaciones de los
dos hermanos con Encarna -secretaria y amante de Vicente, pero
enamorada de Mario- completarán el tejido de estas vidas.
En
las raíces del drama se articulan lo
público
(la guerra, las circunstancias políticas) y lo
privado
( la conducta de Vicente, la situación de la familia). Loprimero
seguirá en la obra hasta donde podía tolerar la censura: está
claro que la diferencia de posición de Vicente y los demás
reproduce la división entre vencedores y vencidos, entre integrados
en el sistema y marginados. Lo privado, será la base del proceso
dramático: el suceso del tren es el hecho desencadenante,
y la obra consiste en el lento descubrimiento
de la verdad que aquel hecho encierra, con las terribles tensiones
que conlleva tal proceso y la trágica consecuencia de la revelación
final.
TEMAS
FUNDAMENTALES.
SIGNIFICACIÓN
DE
EL TRAGALUZ.
La significación de la obra es compleja y debemos unir
varios planos:
El papel de los investigadores y el propósito del experimento se
entenderá con estas palabras: “Si no os habéis sentido en
algún instante verdaderos seres del siglo XX, pero observados y
juzgados por una especie de conciencia futura; si no os habéis
sentido en algún otro momento como seres de un futuro hecho ya
presente que juzgan, con rigor y piedad, a gentes muy antiguas y
acaso iguales a vosotros, el experimento ha fracasado”. Estas
palabras apuntan a esa participación del espectador que siempre
busca Buero: invitación, con actitud crítica, a que éste juzgue y
se juzgue, y a saber que seremos juzgados por el futuro. Tal es la
justificación del experimento.