martes, 24 de febrero de 2015

2º BACHILLERATO. TEXTO POÉTICOS DE LA GENERACIÓN DEL 27 (I).


CANCIÓN DEL JINETE. LORCA.

Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay, que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.
Lejana y sola.

De: Canciones.

ROMANCE SONÁMBULO, LORCA.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

              *

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

              *

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

              *

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

              *

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

              *

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

2 de agosto de 1924

De: Romancero gitano.

LA AURORA DE NUEYA YORK, LORCA.

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

De: Poeta en Nueva York.

ALBERTI.

I

El mar. La mar.
El mar. !Solo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

De: Marinero en tierra.

PARAÍSO PERDIDO, ALBERTI.

Paraíso perdido

A través de los siglos,
por la nada del mundo,
yo, sin sueño, buscándote.
Tras de mí, imperceptible,
sin rozarme los hombros,
mi ángel muerto, vigía.
"¿Adónde el Paraíso,
sombra, tú que has estado?"
Pregunta con silencio.
Ciudades sin respuesta,
ríos sin habla, cumbres
sin ecos, mares mudos.
Nadie lo sabe. Hombres
fijos, de pie, a la orilla
parada de las tumbas,
me ignoran. Aves tristes,
cantos petrificados,
en éxtasis el rumbo,
ciegas. No saben nada.
Sin sol, vientos antiguos,
inertes, en las leguas
por andar, levantándose
calcinados, cayéndose
de espaldas, poco dicen.
Diluidos, sin forma
la verdad que en sí ocultan,
huyen de mí los cielos.
Ya en el fin de la tierra,
sobre el último filo,
resbalando los ojos,
muerta en mí la esperanza,
ese pórtico verde
busco en las negras simas.
¡Oh boquete de sombras!
¡Hervidero del mundo!
¡Qué confusión de siglos!
¡Atrás, atrás!¡Qué espanto
de tinieblas sin voces!
¡Qué perdida mi alma!
"Ángel muerto, despierta.
¿Dónde estás? Ilumina
con tu rayo el retorno."
Silencio. Más silencio.
Inmóviles los pulsos
del sinfín de la noche.
¡Paraíso Perdido!
Perdido por buscarte,
yo, sin luz para siempre.

De: Sobre los ángeles.

UNDERWOOD GIRLS. PEDRO SALINAS.

Quietas, dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas, aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas, y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula, como siempre.
Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco a blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras, sin sentido,
ese, zeda, jota, i...

De: Fábula y signo. 

LA VOZ A TI DEBIDA, PEDRO SALINAS.

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
—¿adónde se me ha escapado?—.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

viernes, 20 de febrero de 2015

1º BACHILLERATO. REPASO CONJUNTOS ORACIONALES POR YXTAPOSICIÓN, COORDINACIÓN Y SUBORDINACIÓN.


REPASO DE CONJUNTOS ORACIONALES POR YUXPAPOSICIÓN, COORDINACIÓN Y SUBORDINACIÓN.

1.     Me miró tiernamente, me abrazó y sentía acelerado el latido de su corazón porque estaba emocionado.
2.     Aquella sonrisa y aquel gesto tenían elegancia, pero el cuerpo ya no tenía encanto porque el paso del tiempo era su enemigo.
3.     Si quieres, coge las bolsas y carga el coche, yo aún tengo que terminar el desayuno de Juancho.
4.     Se aprueba el carné teórico si sacas menos de tres fallos, o sea, suspendes el examen si contestas mal cuatro veces.
5.     Si se hubiera hecho la revisión en condiciones, ahora no tendría que pagar 1000 euros para que me vuelvan a arreglar los frenos.
6.     Aunque a veces  se contente con cualquier cosa, es muy exigente con la comida y no toma nada precocinado.
7.     Si no hubiera aprendido el boca a boca en un cursillo, ahora este nadador imprudente estaría muerto.
8.     Para enseñar a los niños más pequeños hay que estudiar magisterio, pero para ser profesor es necesaria otra carrera.
9.     Se ha cortado el dedo con el cuchillo jamonero y está poniéndose lívido, con que coge el coche y vamos a urgencias.
10. Aunque le daba miedo la oscuridad entró en aquella cueva y pudo enfrentarse a sus peores temores.

miércoles, 4 de febrero de 2015

1º BACHILLERATO. COMENTARIO DE TEXTOS NARRATIVOS III. JAVIER MARÍAS.



No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén1 y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación2, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él. Llevaba la servilleta en la mano, y no la soltó hasta que al cabo de un rato reparó en el sostén tirado sobre el bidet3, y entonces lo cubrió con el paño que tenía a mano o tenía en la mano y sus labios habían manchado, como si le diera más vergüenza la visión de la prenda íntima que la del cuerpo derribado y semidesnudo con el que la prenda había estado en contacto hasta hacía muy poco: el cuerpo sentado a la mesa o alejándose por el pasillo o también de pie. Antes, con gesto automático, el padre había cerrado el grifo4 del lavabo, el del agua fría, que estaba abierto con mucha presión. La hija había estado llorando mientras se ponía ante el espejo, se abría la blusa, se quitaba el sostén y se buscaba el corazón, porque, tendida en el suelo frío del cuarto de baño enorme, tenía los ojos llenos de lágrimas, que no se habían visto durante el almuerzo ni podían haber brotado5 después de caer sin vida. En contra de su costumbre y de la costumbre general, no había echado el pestillo6, lo que hizo pensar al padre (pero brevemente y sin pensarlo apenas, en cuanto tragó) que quizá su hija, mientras lloraba, había estado esperando o deseando que alguien abriera la puerta y le impidiera hacer lo que había hecho, no por la fuerza sino con su mera presencia, por la contemplación de su desnudez en vida o con una mano en el hombro. Pero nadie (excepto ella ahora, y porque ya no era una niña) iba al cuarto de baño durante el almuerzo. El pecho que no había sufrido el impacto resultaba bien visible, maternal y blanco y aún firme, y fue hacia él hacia donde se dirigieron instintivamente las primeras miradas, más que nada para evitar dirigirse al otro, que ya no existía o era sólo sangre.

Corazón tan blanco, Javier Marías.

1 sostén: sujetador, prenda de vestir interior que usan las mujeres para ceñir el pecho.
2 detonación: explosión brusca, sonido provocado al dispararse un arma de fuego.
3 bidet: recipiente de aseo, adecuado para sentarse sobre él y lavarse las partes inferiores
del cuerpo.
4 grifo: utensilio colocado en los sitios por donde tiene que salir un líquido, con una llave
que se puede abrir y cerrar para permitir o impedir el paso de éste.

1ºBACHILLERATO. TEXTOS POÉTICOS RENACIMIENTO. NOCHE OSCURA DEL ALMA.


jueves, 29 de enero de 2015

2º BACHILLERATO. COMENTARIO DE TEXTOS EXPOSITIVOS Y ARGUMENTATIVOS. EL SEGUNDO SEXO.

Para probar la inferioridad de la mujer, los antifeministas han apelado no sólo a la religión, la filosofía y la teología, como antes, sino también a la ciencia: biología, psicología experimental, etcétera. A lo sumo, consentían en aceptar al otro sexo “la igualdad en la diferencia”. Esta fórmula, que ha hecho fortuna, es muy significativa. Es exactamente la que utilizan, a propósito de los negros de América, las leyes Jim Crown; pero esa segregación pretendidamente igualitaria sólo ha servido para introducir las discriminaciones más extremas. Esa coincidencia no es nada casual; ya se trate de una raza, de una casta, de una clase o de un sexo reducidos a una condición inferior, los procesos de justificación son los mismos. “El eterno femenino” es el homólogo del “alma negra” y del “carácter judío”. Por otra parte, el problema judío, en su conjunto, es muy distinto de los otros dos. Para el antisemita, el judío no es tanto un inferior como un enemigo, y no le reconoce ningún lugar propio en este mundo; más bien, desea aniquilarlo. Pero hay analogías profundas entre la situación de las mujeres y la de los negros; unos y otros se emancipan hoy día de un mismo paternalismo, y la casta que ha sido dueña quiere mantenerlos en “su lugar”, es decir, en el lugar que ha elegido para ellos; en los dos casos se explaya en elogios más o menos sinceros acerca de las virtudes del “buen negro”, del alma inconsciente, infantil y riente del negro resignado, y de la mujer “verdaderamente mujer”, es decir, frívola, pueril e irresponsable, la mujer sometida al hombre. En los dos casos extrae argumentos del estado de hecho que ha creado. Se conoce la salida de Bernard Shaw: “el norteamericano blanco –ha dicho, en síntesis- relega al negro al grado de lustrabotas y deduce de ello que sólo sirve para ser un lustrabotas”. Este mismo círculo vicioso se encuentra en todas las circunstancias análogas: cuando se mantiene a un individuo o grupo de individuos en situación de inferioridad es un hecho que es inferior, pero habría que ponerse de acuerdo acerca del alcance de la palabra ser; la mala fe consiste en darle un valor substancial cuando tiene el sentido dinámico hegeliano: ser es haber devenido, es haber sido hecho tal cual se manifiesta; sí, las mujeres, en conjunto son hoy día inferiores a los hombres, es decir, que su situación le abre menos posibilidades: el problema consiste en saber si ese estado de cosas debe perpetuarse.
Muchos hombres lo desean; no todos se han despojado aún de su actitud. La burguesía conservadora sigue viendo en la emancipación de la mujer un peligro que amenaza su moral y sus intereses. Ciertos machos temen la competencia femenina.
Simon de Beauvoir, El segundo sexo. 

NOTA: SE ENTREGARÁ EL JUEVES 5 DE FEBRERO. 

1º BACHILLERATO. GUIÓN LECTURAS SEGUNDA EVALUACIÓN. LA VIDA ES SUEÑO.


GUIÓN DE LECTURAS 2ª EVALUACIÓN. 1º BACHILLERATO.
LA VIDA ES SUEÑO. CALDERÓN DE LA BARCA.
Calderón de la Barca es junto con Lope de Vega, el creador del teatro nacional español. El Barroco está en su plenitud y el lenguaje natural y espontáneo se llena de artificios estilísticos. Se observa en sus obras un mayor cuidado constructivo, una mayor preocupación ideológica y doctrinal y una mayor estilización de los personajes hasta convertirlos a veces en símbolos.

Argumento
Segismundo es encerrado por su padre, el rey de Polonia, tras conocer éste por unos vaticinios que su hijo sería un rey injusto y cruel. El rey decide, sin embargo, probar a Segismundo y lo libera tras administrarle un somnífero que hace a Segismundo  pensar que todo lo ocurrido en palacio ha sido un sueño.
Personajes
            El primer encuentro de los personajes los define para el resto de la obra:
a.     Rosaura: se la presenta cayendo de una montaña, portando una espada y vestida de hombre.  En su primer encuentro con Segismundo ya se nos revela la personalidad de este personaje, la violencia: amenaza con hacerla pedazos porque “soy hombre de las fieras y una fiera de los hombres”. En este primer encuentro es fácil percibir la visión platónica de la mujer: el poder civilizador de la belleza.  La actitud contradictoria de Segismundo frente a Rosaura, que no sabe todavía que es mujer, desde este primer encuentro hasta el último, es un ejemplo de la paradoja de la belleza femenina: “enciende el corazón y lo refrena”. Rosaura es, como Segismundo, un personaje contradictorio: es mujer y soldado, viene vestida de hombre y tiene ánimo viril, y en la escena décima del tercer acto actuará como mujer y varón a la vez. Tanto Rosaura como Segismundo son víctimas de una injusticia inicial: el abandono por parte de los padres. Por ello Rosaura es una mujer noble a la que se ha privado de su derecho al honor, y Segismundo es un príncipe al que se le han arrebatado sus derechos al trono. Todas estas contradicciones se solucionarán al final de la obra, pero hasta ese momento quedan perfectamente establecidos dos grupos de personajes: los verdugos y las víctimas. Los conflictos dramáticos surgen del encuentro entre esos dos grupos.
Rosaura y Clarín (el gracioso de la comedia clásica española), han quebrantado sin saberlo el decreto real por el que se prohibía entrar en la torre. Cuando Clotaldo los apresa, conocemos el motivo que la ha traído hasta Polonia:  vengarse de un agravio. Sabe que la espada que su madre le dio “encierra mil  misterios grandes”, pero desconoce cuáles son. Se niega a desvelar quién le dio la espada, sólo adelanta que fue una mujer que la envió a Polonia para que la vieran nobles y principales. Clotaldo se da cuenta de que es “hijo suyo”, pero decide callar: el público sabe ya el secreto que Rosaura desconoce. Clotaldo, que de no saber que es descendiente suyo los habría matado, decide llevarlos ante el rey para implorarle perdón, pero ya no es necesario y quedan libres. Queda muy agradecida a Clotaldo, que a partir de entonces va a protegerla, e insiste en su venganza. Animada por su padre le revela el fin de su viaje: Astolfo ha mancillado su honor y ha venido a Polonia a casarse con Estrella, así que es en él en quien recae la venganza.
En la siguiente jornada y también aconsejada por su padre aparece ya vestida de mujer y se hace pasar por sobrina de Clotaldo, Astrea, convirtiéndose así en dama de Estrella. En el suceso del medallón, su monólogo nos revela el carácter impulsivo y pasional de este personaje: no sabe qué hacer, pues si desvela su auténtica identidad, faltará el respeto a su protector, quien le ha aconsejado que calle y espere la reparación de su honor. Pero Astolfo la reconoce en cuanto la ve, aunque ella continúe fingiendo.  Le pide a Clotaldo que la vengue con la muerte de Astolfo, pero ahora su padre se encuentra con un gran dilema: Astolfo le ha defendido cuando Segismundo quería matarle, así que le debe la vida. Ante tal tesitura, le ofrece su patrimonio y que se interne en un convento. Pero ella se niega y prefiere vengar su honor por ella misma aunque le cueste la vida, así que acude a pedirle ayuda a Segismundo, que ya ha accedido a las peticiones de los sublevados.  Se dirige a él recordándole las tres ocasiones en las que se han visto (hombre-torre / dama-palacio / vestida como mujer pero armada como hombre en este momento) y le pide: como mujer, que vengue su honra, como hombre, le alienta para que recupere su trono y se levante contra su padre, deshaciendo así las bodas de Astolfo y Estrella: “Mujer vengo a que me valgas / en mi agravio y mi congoja, / y varón vengo a valerte, con mi acero y mi persona”. Los dos personajes objeto de violencia paterna, funden sus destinos: ella también luchará contra su padre. Las dos acciones se hacen una con su lado masculino (la guerra y el derecho) y el femenino (honor sexual). En el desenlace de la obra, cuando Astolfo se niega a casarse con ella por ser una mujer que no es noble, será cuando Clotaldo se descubra como su legítimo padre. Astolfo, al ver que es una mujer noble, acepta el matrimonio.
b.     Segismundo: en el primer acto le vemos encerrado en la torre. Sabe que está allí por algo relacionado con su nacimiento, pero desconoce que es un príncipe, y se lamenta de su destino: el único pecado que ha podido cometer es nacer.  El príncipe en la torre ha estudiado incluso artes liberales, pero desconoce totalmente la educación que le corresponde como príncipe. Segismundo es, pues, una fiera porque es un ser contradictorio: es un hombre que ha nacido libre y que está preso sin culpa desde el nacimiento y es el heredero legítimo de un reino que no ha sido educado entre hombres y cortesanos. Por eso él tiene la grandeza del alma propia de un príncipe, incluso la fortaleza física, pero le ha faltado lo fundamental: la educación. Cuando se encuentra en palacio, su razón funciona en sus discusiones como una cuchilla: aparece su padre y le recrimina, con toda la razón, que él se portara con rigor y le encerrara a causa del hado, negándole la educación que le correspondía y que era su obligación como padre y rey proporcionarle. Por ello afirma que, si es una fiera, suya es la responsabilidad y le recuerda, con soberbia, que él no le debe nada: es príncipe por derecho y ley, por tanto, tiene todo el derecho a pedirle cuentas porque le privó de su libertad. Estas afirmaciones hieren profundamente a Basilio, que no puede responder. Para Basilio significan la confirmación del hado y le advierte de que tal esté soñando.
En todos los pasajes del segundo acto, Segismundo se deja llevar pos la pasión alternándola con razonamientos irrefutables, pero le falla el conocimiento de la legislación palaciega: es el caso de Astolfo (el sombrero), del criado que le incomoda y que acaba saliendo por la ventana (para él el poder tiene la connotación de primaria fuerza física), de Clotaldo (intenta matarle porque le acusa de traidor)...
En él se da todo un proceso de humanización:
—la primera fuerza en su educación, que va de la violencia de los primeros versos a la prudencia de los últimos, es la belleza (Rosaura)
—cuando le vuelven a dormir y despierta, será la brevedad de las grandezas humanas lo que le lleva a hacer las reflexiones de su famoso monólogo, que cierra el acto segundo. Pero aún tendrá que luchar contra su pasión.
—en el acto tercero (un poco ambiguo en sus conclusiones respecto al monólogo anterior), se convence de que la vida es sueño, por tanto todas sus acciones se basan en un cálculo para evitar el desengaño al despertar.
También es ambiguo Calderón en otro aspecto: no quiere mostrar que sea lícito levantarse contra el Rey (el príncipe podría haberse mostrado racional en otros muchos casos y demostrarle a su padre que era capaz de reinar), pero Calderón quiere castigar a Basilio por su negligencia como padre y rey. Por una parte, es totalmente legítimo que Segismundo libre a su pueblo de la esclavitud extranjera (Astolfo); pero es soberbia que quiera ver a su padre debajo de sus plantas. Al levantarse contra su padre, aún rey legítimo, es el más pecador de todos, pero por eso él mismo se postra a los pies del padre para que le mate, premia a Clotaldo por haber sido fiel al rey y encierra en la torre al soldado que ha levantado al pueblo en su favor (por supuesto, es el populacho bajo).
—en el último monólogo ya está totalmente humanizado: actúa guiado por la prudencia y la templanza: “¡qué condición tan mudada!” (Astolfo); “¡Qué discreto y qué prudente!” (Rosaura).
En realidad asistimos a una lucha constante entre la pasión y la razón, que comienza con el predominio de la primera y el triunfo de la segunda.
c.     Basilio: para Calderón y el público de la época, Basilio es un hombre que, dedicándose a la astronomía, se ha distraído de su auténtica obligación, gobernar; es un padre tirano que ha matado a su hijo en el momento mismo de nacer, y un rey tirano que priva al pueblo de su príncipe legítimo. Dada su edad, debería ser prudente, pero no lo es. Es más, él interpretó demasiado rápido el mensaje de los astros, y confiesa que se dejó llevar por el amor propio al creer en ellos.
Realmente en la solución que propone a su pecado lo que busca es la culpa en Segismundo para producir un segundo encarcelamiento supuestamente justo: si realmente no es capaz de reinar, esta vez será castigo y no crueldad encerrar a su hijo. Pero ¿cómo puede gobernar un príncipe que no ha sido educado para tan grande empresa?.
Basilio vio en los astros que su hijo sería el príncipe más tirano que había conocido, pero él culpó a Segismundo y no se dio cuenta de que la causa de esos males era él mismo: su negligencia como padre y rey.
Segismundo se lo dice al final y el padre reconoce que él ha preparado su propia caída con una imprudencia culpable.
d.     Clotaldo: es “el viejo”. Tiene la retórica, la garrulería y la seguridad del viejo de comedia, y además una bondad y una buena intención que le hacen siempre simpático.
e.     Astolfo y Estrella: no tienen carácter propiamente dicho. Son el galán y la dama exigidos por la estructura del género.
f.      Clarín: es el gracioso de la comedia clásica: criado, conformista (por eso puede ser traidor a cualquiera de sus amos) cuyos valores son la comida y el hablar sin mesura; posee astucia e ingenio, no verdadera inteligencia, y es un cobarde, lo que le llevará a la muerte cuando precisamente lo que intenta es huir de ella. 

Temas
1.      Fuerza del libre albedrío frente al hado, frente a los vaticinios. Calderón dota a sus personajes de responsabilidad moral. En esta obra, el padre de Segismundo cree en las estrellas lo que provoca encerrar a su hijo y que en este encierro Segismundo se convierta en un ser agresivo.
2.     Realidad y apariencia: siempre hay que obrar bien, y aunque esta vida terrena es un sueño hay que asumirlo y salvarlo. Lo importante está en la otra vida.
3.     Preocupación por la libertad. (prestad mucha atención al primer monólogo de Segismundo en la torre, cuando se compara con animales y elementos de la naturaleza).
4.     La educación: Segismundo es educado pero recibe educación asilado del mundo real, encerrado, por eso necesita distinguir entre lo bueno y lo malo, lo real y lo ficticio, necesita ser reeducado pero en sociedad. Esto lo aprende el protagonista de Rosaura: a tener compasión.