domingo, 23 de noviembre de 2014

1º BACHILLERATO. REPASO EXAMEN LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA I. PRIMERA EVALUACIÓN.


REPASO PARA EL EXAMEN DE LENGUA. PRIMERA VEALUACIÓN. 1º BACHILLERATO.

MORFOLOGÍA
A. Señala los componentes morfológicos de las siguientes palabras y di cómo son según su estructura:
—girasoles
—envenenado
—endeudar
—barbilampiño
—antiadherente
—apolítico
—redecilla
—panadero
—insumisos
—herida
—cantos
—polvareda
—arboleda
—afrutado
—lápices
—añicos
—limpiaparabrisas
—encerar
—retroviral
—entreplanta
B. Forma la familia léxica (mínimo 4 palabras) de las siguientes palabras: guerra, estructura, pan, jugar, color.

SEMÁNTICA
A. Ofrece un sinónimo y un antónimo para las siguientes palabras: inerme, inerte, expirar, inhumar, respaldado.
B. Rellena los huecos con las palabras homófonas adecuadas:
1.       Han puesto una (valla/vaya/baya)....... publicitaria frente a mi ventana.
2.       Con las lluvias primaverales los antiguos (arroyo/arrollo)........ han vuelto a fluir.
3.       (Ahí/ hay/ay) …... un apartamento precioso que nos gustaría alquilar...... mismo.
4.       (Tuvo/tubo)........ una fiebre horrible como reacción a la vacuna.
5.       Nunca …...... (Halla/aya/haya) la respuesta en esos libros. Cuando …...... terminado mi jornada, te llevaré a la biblioteca en busca de una documentación adecuada.
6.       ¡¡¡¡Sois todos un (atajo/hatajo)........ de irresponsables!!!!
7.       Sufrió una grave herida por (hasta/asta) ….... de toro. No podrá volver a torear …... la próxima temporada.
8.       Moisés atravesó el desierto apoyado en un (callado/cayado)....... de madera.
9.       Lo malo no es (errar/herrar)..........; lo malo es no aprender de las equivocaciones.
10.    Mi padre detesta los (callo/cayo).......... a la madrileña.

C. Ofrece cinco ejemplos de palabras homógrafas con sus significados correspondientes.

SINTAXIS

A. Analiza sintáctica y morfológicamente los siguientes sintagmas:
1.       la tira de años
2.       algunos de nuestros amigos
3.       las tres hermanas de Juan
4.       bajo tu cálido cuerpo
5.       rabiosamente actual
6.       tú mismo
7.       el último emperador de Japón
8.       bien mal
9.       mucho menos eficiente
10.     lo terrible de esta situación
11.     Ana, la secretaria.
12.     ¡Qué mal!

B. Analiza sintáctica y morfológicamente las siguientes oraciones simples y di cómo son según el tipo de predicado y la actitud del hablante:
1.    Se confió demasiado de sus aptitudes para aquel puesto de trabajo.
2.    Antes de Navidades se inaugurará la obra de recuperación de la ribera del Manzanares.
3.    En los programas de televisión se vilipendia constantemente a personajes públicos sin razón alguna.
4.    Nunca más se encontrarían sobre los puentes de Madison.
5.    La denuncia se la tiene que entregar el oficial al juez de guardia.
6.    Ana se hizo el traje de boda a buen precio en una tienda de diseño exclusivo.
7.    ¿A quién dedica Jorge Manrique sus famosas coplas?
8.    ¿Qué es un omnipoliedro?
9.    En cualquier tienda de segunda mano se pueden conseguir tocadiscos muy baratos.
10. En su infancia todos sus amigos le llamaban “atontao”.
11. ¿No me oyes bien?
12. Su número de teléfono lo conseguí en una página de internet.
13. En el siglo XXI se está arrebatando a los ciudadanos muchos de sus derechos.
14. A Laura la encontré muy distante en la cena.
15. El nuevo profesor de inglés es de un pequeño pueblo de Ohio.
16. Es demasiado tarde para esas consideraciones.
17. Las pruebas estaban delante de sus narices.
18. El festival Visual será en uno de los pabellones del centro cultural.
19. Nos quedamos muy sorprendidos con su decisión de última hora.
20. Se puso un vestido nuevo para la fiesta de graduación.
21. Después de la explosión nuclear y ante la insistencia de algunos de los vecinos se evacuó a los residentes muy lejos de cualquier foco de radiación.
22. A lo largo de nuestro viaje se emocionó muchas veces con la desesperada situación humanitaria de aquel país.
23. Muy lejos de allí ambos jóvenes seguían mirándose asombrados ante la aterradora demostración de fuerza de la naturaleza.


domingo, 16 de noviembre de 2014

2º BACHILLERATO. COMENTARIO DE TEXTOS NARRATIVOS II. TIEMPO DE SILENCIO.



TEXTOS NARRATIVOS II

TIEMPO DE SILENCIO, LUIS MARTÍN SANTOS.


“Cuando llegué, ya estaba muerta”, fue lo primero que contra toda evidencia dijo y se puso rojo de vergüenza porque aquello no era más que una disculpa dirigida a calmar el odio de la madre. La cual no había nacido para odiar, sino que intentó consolarle: “Usted hizo todo lo que pudo”, antes de empezar a gritar, antes de arrojarse sobre la hija muerta y besar los labios que probablemente no había besado desde que –cuando era una niña– tuvieron, tras haber mamado, el propio sabor de la propia leche, antes de golpear al hombre que tenía al lado y de arañarle el rostro que hoy se dejaría arañar a pesar de su naturaleza de señor que, mañana indeclinablemente, volvería a adoptar y que continuaría oprimiéndola como un aro de hierro contra el suelo.
Cuando la madre comenzó a gritar, todas a una gritaron también las plañideras. Como si desde siempre estuvieran preparadas a las muertes prematuras, las plañideras vestían ya previamente ropajes negros al irrumpir en el máximo número posible (que no era mucho) en la cámara mortuoria.
–¡Desgraciado!– gritó una ante el cirujano como si fuera a escupirle, alzando dos manos crispadas que, cuando ya iban a alcanzarle, se volvieron contra el propio rostro golpeándolo con fuerza–. ¿Qué has hecho de mi florecita? –¡Mirarla! ¡Como un ángel!– se extasió una mujer de brazos remangados que, quizá por haber tomado parte antes en las manipulaciones del mago, creyera haber colaborado en la obra de arte.
Efectivamente, habiendo perdido la excesiva turgencia de su edad pudenda y de sus comidas bastas, estaba la pobre embellecida. –Como si durmiera, se ha quedado.

lunes, 10 de noviembre de 2014

2ª BACHILLERATO. COMENTARIO DE TEXTOS NARRATIVOS I. SONATA DE OTOÑO.

 
COMENTARIO DE TEXTOS NARRATIVOS I.

SONATA DE OTOÑO, VALLE INCLÁN. 

«¡Mi amor adorado, estoy muriéndome y sólo deseo verte!». ¡Ay! Aquella carta de la pobre Concha se me extravió hace mucho tiempo. Era llena de afán y de tristeza, perfumada de violetas y de un antiguo amor. Sin concluir de leerla, la besé. Hacía cerca de dos años que no me escribía, y ahora me llamaba a su lado con súplicas dolorosas y ardientes. Los tres pliegos blasonados traían la huella de sus lágrimas, y la conservaron largo tiempo. La pobre Concha se moría retirada en el viejo Palacio de Brandeso, y me llamaba suspirando. Aquellas manos pálidas, olorosas, ideales, las manos que yo había amado tanto, volvían a escribirme como otras veces. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Yo siempre había esperado en la resurrección de nuestros amores. Era una esperanza indecisa y nostálgica que llenaba mi vida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimera dormida en el fondo de los lagos azules, donde se reflejan las estrellas del destino. ¡Triste destino el de los dos! El viejo rosal de nuestros amores volvía a florecer para deshojarse piadoso sobre una sepultura.
¡La pobre Concha se moría!
Yo recibí su carta en Viana del Prior, donde cazaba todos los otoños. El Palacio de Brandeso está a pocasleguas de jornada. Antes de ponerme en camino, quise oír a María Isabel y a María Fernanda, las hermanas de Concha, y fui a verlas. Las dos son monjas en las Comendadoras. Salieron al locutorio, y a través de las rejas me alargaron sus manos nobles y abaciales, de esposas vírgenes. Las dos me dijeron, suspirando, que la pobre Concha se moría, y las dos, como en otro tiempo, me tutearon. ¡Habíamos jugado tantas veces en las grandes salas del viejo Palacio señorial! 

NOTA: se corregirá el martes 12 de noviembre.  

lunes, 3 de noviembre de 2014

2º BACHILLERATO. TEXTOS POÉTICOS DEL ROMANTICISMO ESPAÑOL.



SELECCIÓN DE TEXTOS DEL ROMANTISICMO.

EL PRERROMANTICISMO.

NOCHES LÚGUBRES. NOCHE TERCERA. JOSÉ DE CADALSO (SXVIII).
TEDIATO.-  ¡Qué triste me ha sido ese día! Igual a la noche más espantosa me ha llenado de pavor, tedio, aflicción y pesadumbre. ¡Con qué dolor han visto mis ojos la luz del astro, a quien llaman benigno los que tienen el pecho menos oprimido que yo! El sol, la criatura que dicen menos imperfecta imagen del Criador, ha sido objeto de mi melancolía. El tiempo que ha tardado en llevar sus luces a otros climas me ha parecido tormento de duración eterna... ¡Triste de mí! Soy el solo viviente a quien sus rayos no consuelan. Aun la noche, cuya tardanza me hacía tan insufrible la presencia del sol, es menos gustosa, porque en algo se parece al día. No está tan oscura como yo quisiera. ¡La luna! ¡Ah, luna! Escóndete, no mires en este puesto al más infeliz mortal.
¡Que no se hayan pasado más que dieciséis horas desde que dejé a Lorenzo! ¿Quién lo creyera? ¡Tales han sido para mí! Llorar, gemir, delirar... Los ojos fijos en su retrato, las mejillas bañadas en lágrimas, las manos juntas pidiendo mi muerte al cielo, las rodillas flaqueando bajo el peso de mi cuerpo, así desmayado; sólo un corto resuello me distinguía de un cadáver. ¡Qué asustado quedó Virtelio, mi amigo, al entrar en mi cuarto y hallarme de esa manera! ¡Pobre Virtelio! ¡Cuánto trabajaste para hacerme tomar algún alimento! Ni fuerza en mis manos para tomar el pan, ni en mis brazos para llevarlo a la boca, si alguna vez llegaba. ¡Cuán amargos son bocados mojados con lágrimas! Instante..., me mantuve inmóvil. Se fue sin duda cansado... ¿Quién no se cansa de un amigo como yo, triste, enfermo, apartado del mundo, objeto de la lástima de algunos, del menosprecio de otros, de la burla de muchos? ¡Qué mucho me dejase! Lo extraño es que me mirase alguna vez. ¡Ah, Virtelio! ¡Virtelio! Pocos instantes más que hubieses permanecido mío, te hubieran dado fama de amigo verdadero. Pero ¿de qué te serviría? Hiciste bien en dejarme; también te hubiera herido la mofa de los hombres. Dejar a un amigo infeliz, conjurarte con la suerte contra un triste, aplaudir la inconstancia del mundo, imitar lo duro de las entrañas comunes, acompañar con tu risa la risa universal, que es eco de los llantos de un mísero... Sigue, sigue... Éste es el camino de la fortuna... Adelántate a los otros: admirarán tu talento. Yo le vi salir... Murmuraba de la flaqueza de mi ánimo. La Naturaleza sin duda murmuraba de la dureza del suyo. Éste es el menos pérfido de todos mis amigos; otros ni aun eso hicieron. Tediato se muere, dirían unos; otros repetirían: se muere Tediato. De mi vida y de mi muerte hablarían como del tiempo bueno o malo suelen hablar los poderosos, no como los pobres a quien tanto importa el tiempo. La luz del sol, que iba faltando, me sacó del letargo cruel. La tiniebla me traía el consuelo que arrebata a todo el mundo. Todo el consuelo que siente toda la naturaleza al parecer el sol, le sentí todo junto al ponerse. Dije mil veces preparándome a salir: bienvenida seas, noche, madre de delitos, destructora de la hermosura, imagen del caos de que salimos. Duplica tus horrores; mientras más densas, más gustosas me serán tus tinieblas. No tomé alimento; no enjugué las lágrimas; púseme el vestido más lúgubre; tomé este acero, que será..., ¡ay!, sí; será quien consuele de una vez todas mis cuitas. Vine a este puesto; espero a Lorenzo.
Desengañado de las visiones y fantasmas, duendes, espíritus y sombras, me ayudará con firmeza a levantar la losa; haré el robo... ¡El robo! ¡Ay! Era mía; sí, mía; yo, suyo. No, no, la agravio; me agravio: éramos uno. Su alma, ¿qué era sino la mía? La mía, ¿qué era sino la suya? Pero ¿qué voces se oyen? Muere, muere, dice una de ellas. ¡Qué me matan!, dice otra voz. Hacia mí vienen corriendo varios hombres. ¿Qué haré? ¿Qué veo? El uno cae herido al parecer... Los otros huyen retrocediendo por donde han venido. Hasta mis plantas viene batallando con las ansias de la muerte. ¿Quién eres? ¿Quién eres? ¿Quiénes son los que te siguen? ¿No respondes? El torrente de sangre que arroja por boca y por herida me mancha todo... Es muerto, ha expirado asido de mi pierna. Siento pasos a este otro lado. Mucha gente llega; el aparato es de ser comitiva de la justicia.

CUESTIONES
Señala los rasgos prerrománticos que se aprecian en el texto desde el punto de vista del contenido y los rasgos lingüísticos.

LA POESÍA ROMÁMTICA ESPAÑOLA.

CANCIÓN DEL PIRATA, JOSÉ DE ESPRONCEDA.

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Stambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

CANTO A TERESA, JOSÉ DE ESPRONCEDA

Que así las horas rápidas pasaban,
y pasaban a la par nuestra ventura;
y nunca nuestras ansias las contaban,
tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura,
las horas ¡ay! huyendo nos miraban
llanto tal vez vertiendo de ternura,
que nuestro amor y juventud veían,
y temblaban las horas que vendrían.
Y llegaron en fin: ¡oh!, ¿quién impío,
¡ay!, agostó la flor de tu pureza?
Tú fuiste un tiempo un cristalino río,
manantial de purísima limpieza;
después torrente de color sombrío,
rompiendo entre peñascos y maleza,
y estanque, al fin, de aguas corrompidas,
entre fétido fango detenidas. (…)

 A JARIFA EN UNA ORGÍA, JOSÉ DE ESPRONCEDA

Trae, Jarifa, trae tu mano,
ven y pósala en mi frente,
que en un mar de lava hirviente
mi cabeza siento arder.
Ven y junta con mis labios
esos labios que me irritan,
donde aún los besos palpitan
de tus amantes de ayer.

¿Qué la virtud, la pureza?
¿qué la verdad y el cariño?
Mentida ilusión de niño,
que halagó mi juventud.
Dadme vino: en él se ahoguen
mis recuerdos; aturdida
sin sentir huya la vida;
paz me traiga el ataúd.

El sudor mi rostro quema,
y en ardiente sangre rojos
brillan inciertos mis ojos,
se me salta el corazón.
Huye, mujer; te detesto,
siento tu mano en la mía,
y tu mano siento fría,
y tus besos hielos son.

¡Siempre igual! Necias mujeres,
inventad otras caricias,
otro mundo, otras delicias,
o maldito sea el placer.
Vuestros besos son mentira,
mentira vuestra ternura:
es fealdad vuestra hermosura,
vuestro gozo es padecer.
Yo quiero amor, quiero gloria,
quiero un deleite divino,
como en mi mente imagino,
como en el mundo no hay;
y es la luz de aquel lucero
que engañó mi fantasía,
fuego fatuo, falso guía
que errante y ciego me tray.

¿Por qué murió para el placer mi alma,
y vive aún para el dolor impío?
¿Por qué si yazgo en indolente calma,
siento, en lugar de paz, árido hastío?

¿Por qué este inquieto, abrasador deseo?
¿Por qué este sentimiento extraño y vago,
que yo mismo conozco un devaneo,
y busco aún su seductor halago?

¿Por qué aún fingirme amores y placeres
que cierto estoy de que serán mentira?
¿Por qué en pos de fantásticas mujeres
necio tal vez mi corazón delira,

si luego, en vez de prados y de flores,
halla desiertos áridos y abrojos,
y en sus sandios o lúbricos amores
fastidio sólo encontrará y enojos?

Yo me arrojé cual rápido cometa,
en alas de mi ardiente fantasía:
doquier mi arrebatada mente inquieta,
dichas y triunfos encontrar creía.

Yo me lancé con atrevido vuelo
fuera del mundo en la región etérea,
y hallé la duda, y el radiante cielo
vi convertirse en ilusión aérea.

Luego en la tierra la virtud, la gloria,
busqué con ansia y delirante amor,
y hediondo polvo y deleznable escoria
mi fatigado espíritu encontró.

Mujeres vi de virginal limpieza
entre albas nubes de celeste lumbre;
yo las toqué, y en humo su pureza
trocarse vi, y en lodo y podredumbre.

Y encontré mi ilusión desvanecida
y eterno e insaciable mi deseo:
palpé la realidad y odié la vida;
sólo en la paz de los sepulcros creo.

Y busco aún y busco codicioso,
y aún deleites el alma finge y quiere:
pregunto y un acento pavoroso
«¡Ay! me responde, desespera y muere.

Muere, infeliz: la vida es un tormento,
un engaño el placer; no hay en la tierra
paz para ti, ni dicha, ni contento,
sino eterna ambición y eterna guerra.

Que así castiga Dios el alma osada,
que aspira loca, en su delirio insano,
de la verdad para el mortal velada
a descubrir el insondable arcano.»

¡Oh! cesa; no, yo no quiero
ver más, ni saber ya nada:
harta mi alma y postrada,
sólo anhela descansar.
En mí muera el sentimiento,
pues ya murió mi ventura,
ni el placer ni la tristura
vuelvan mi pecho a turbar.

Pasad, pasad en óptica ilusoria
y otras jóvenes almas engañad:
nacaradas imágenes de gloria,
coronas de oro y de laurel, pasad.

Pasad, pasad mujeres voluptuosas,
con danza y algazara en confusión;
pasad como visiones vaporosas
sin conmover ni herir mi corazón.

Y aturdan mi revuelta fantasía
los brindis y el estruendo del festín,
y huya la noche y me sorprenda el día
en un letargo estúpido y sin fin.

Ven, Jarifa; tú has sufrido
como yo; tú nunca lloras;
mas ¡ay triste! que no ignoras
cuán amarga es mi aflicción.
Una misma es nuestra pena,
en vano el llanto contienes...
Tú también, como yo, tienes
desgarrado el corazón.

PAUTAS PARA EL COMENTARIO
1. Este poema es un auténtico compendio de los temas más característicos de la poesía esproncediana: deseo, ansia insatisfecha de alcanzar lo inalcanzable, frustración, sufrimiento, hastío, etc. –conceptos todos ellos típicamente románticos– se dan cita en él. Determina cuáles son los que, estrofa a estrofa, van apareciendo a lo largo del poema. ¿Cuál de ellos es el predominante?
2. Entre tanto, el poeta permite que se desborde el mar de lava (v. 3) que siente arder en su cabeza. Las ideas y sentimientos que desarrolla se repiten constantemente. Analiza a lo largo del poema los contrastes entre lo ideal y lo real, entre la búsqueda constante y la frustración inevitable, entre el amor y el placer, entre la vida como tormento y la muerte como liberación, entre el deseo y el hastío, etc.
3. Todo ello aparece como una reflexión en voz alta que el poeta realiza ante una mujer, Jarifa, cuya presencia en la primera y última estrofa da en buena parte sentido y unidad a la composición. ¿Qué representa este personaje? ¿Entre qué distintos conceptos e imágenes de la mujer se debate Espronceda? Anota las ocasiones en que se refiere a Jarifa y explica los sucesivos cambios de actitud hacia ella que pueden observarse. ¿A qué se deben?

“CUARTETOS ESCRITOS EN UN CEMENTERIO”, GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA

He aquí el asilo de la eterna calma,
do sólo el sauce desmayado crece...
¡Dejadme aquí; que fatigada el alma,
en aura de las tumbas apetece!
Los que aspiráis las flores de la vida,
llenas de aroma de placer y gloria,
no piséis el lugar do convertida
veréis su pompa en miserable escoria.
Mas venid todos los que el ceño airado
del destino mirasteis en la cuna;
los que sentís el corazón llagado
y no esperáis consolación alguna.
¡Venid también , espíritus ardientes,
que en ese mundo os agitáis sin tino,
y cuya inmensa sed sus turbias fuentes
calmar no pueden con raudal mezquino!
Los que el cansancio conocisteis, antes
que paz os diesen y quietud los años....
¡Venid con vuestros sueños devorantes!
¡Venid con vuestros tristes desengaños!
No aquí las horas , rápidas o lentas,
cuenta el placer ni mide la esperanza:
¡quiébranse aquí las olas turbulentas
que el huracán de las pasiones lanza!
Aquí , si os turban sombras de la duda,
la severa verdad inmóvil vela:
aquí reina la paz eterna y muda,
si paz el alma fatigada anhela.
Los que aquí duermen en profundo sueño,
insomnes cual nosotros se agitaron...
Ya de muerte en el letal beleño
sus abrasadas sienes refrescaron.
Amemos, pues, nuestra mansión futura,
única que tenemos duradera...
¡que ilusión de la vida es la ventura,
mas la paz de la muerte es verdadera!

PAUTAS PARA EL COMENTARIO
1. Este poema de Gertrudis Gómez de Avellaneda se inscribe ya plenamente dentro de la sensibilidad y la temática del Romanticismo. Se pueden observar en él muchos de los motivos e ideas tópicos del movimiento. Señálalos y coméntalos.
2. Se puede apreciar con claridad a través de este texto cuál es la visión que los autores románticos tienen de la vida y de la muerte. ¿Qué concepción de cada una de ellas prevalece? ¿Qué relaciones se pueden establecer entre esos conceptos de vida y muer- te y las ideas clave del Romanticismo?

RIMA XI, GUSTAVO ADOLFO BÉQUER

—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
                                      —No es a ti, no.

—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:
puedo brindarte dichas sin fin,
yo de ternuras guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
                                      —No, no es a ti.

—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte.
                                      —¡Oh ven, ven tú!



RIMA XLI, GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!

EN LAS ORILLAS DEL SAR, ROSALÍA DE CASTRO

Ya duermen en su tumba las pasiones
el sueño de la nada;
¿es, pues, locura del doliente espíritu,
o gusano que llevo en mis entrañas?
Yo sólo sé que es un placer que duele,
que es un dolor que atormentado halaga,
llama que de la vida se alimenta,
mas sin la cual la vida se apagara.



2º BACHILLERATO. SELECCIÓN DE TEXTOS. INTRODUCCIÓN AL ROMANTICISMO.


TEXTO 1

LA ANGUSTIA ROMÁNTICA

El universo de Leopardi es de una grandeza gélida. El hombre ante él puede sentir fascinación, pero no arropamiento para su soledad. Y no obstante, el poeta prefiere aceptar el abismo que entraña esta concepción de la realidad a ocultar tal abismo mediante una promesa –fatua– de trascendencia.
Enfrentado a los espejismos consoladores –Dios, Razón, Naturaleza–, ajeno a toda idea de salvación o redención, descansa en una reivindicación absoluta del carácter superior de la soledad. El hombre aparece solo en el seno del universo, sometido a una lógica destructiva que le resulta tan incomprensible como inaceptable.
Desde su debilidad existencial, Leopardi sostiene una filosofía de la acción y del vigor. Absolutamente esquivo a todo compromiso, el poeta confía a su soledad toda la fuerza de su pensamiento. Es difícil encontrar en la moderna literatura occidental otro ejemplo de veracidad existencial y de total ausencia de autoconmiseración tan contundente como el de Leopardi. Él mismo, en su obra, está completamente convencido de que no deja ningún resquicio a la debilidad. Pero, además, exige que su vida sea tenida en concordancia con su obra. Es concluyente, a este respecto, una carta enviada en mayo de 1832 a De Sinner en la que rebate airadamente la interpretación en clave patológica que de su poesía ha hecho la revista alemana Hesperus: “Sean cuales sean mis desgracias [...] he tenido el suficiente coraje para no tratar de disminuir su peso ni por las frívolas esperanzas de una su- puesta felicidad futura y desconocida, ni por una infame resignación. Mis sentimientos hacia el Destino han sido y son los que he expresado en ‘Bruto Minore’. Ha sido como con- secuencia de este mismo coraje por lo que, habiendo sido llevado por mis investigaciones a una filosofía desesperada, no he dudado en abrazarla enteramente, mientras que, por otro lado, no ha sido sino por la infamia de los hombres, necesitados de ser persuadidos del mérito de la existencia, por lo que se ha querido considerar mis opiniones filosóficas como el resultado de mis particulares sufrimientos [...]. Antes de morir, quiero protestar contra esta invención de la debilidad y la vulgaridad, y rogar a mis lectores que se sientan movidos a destruir mis observaciones y mis razones antes que a acusar a mis enfermedades”.
Este documento posee un valor casi testamentario. Leopardi extiende a su vida idéntico titanismo al proclamado en su poesía. Esta íntima comunicación manifiestamente romántica –entre su poesía y su vida– encuentra su genuina expresión en “A se stesso”, publicado en la edición napolitana de los Canti (Cantos) en 1835, dos años antes de su muerte. En la cercanía de ésta, Leopardi presupone una actitud semejante a la que, como símbolo de una existencia trágica y un comportamiento heroico, la leyenda ha otorgado a la figura de Bruto, “l’ultimo antico”:

T’acqueta omai. Dispera / l’ultima volta. Al gener nostro il fato / non donò che il morire. Omai disprezza / te, la natura, il brutto / poter che, ascoso, a comun danno impera, / e l’infinita vanità del tutto.

“Cálmate ahora. Desespera / por última vez. A nuestro género el hado / no dio sino el morir. Ahora desprecia / a la naturaleza, el brutal / poder que, oculto, impera sobre todo el daño común / y la infinita vanidad del todo.”

RAFAEL ARGULLOL: Leopardi.

TEXTO 2

LA DECADENCIA ESPAÑOLA

Tras la pérdida de casi todas sus Provincias de Ultramar –un hecho ya irreversible a fines de 1824–, la monarquía española se ve reducida a una serie de territorios estructuralmente muy heterogéneos, geográficamente muy dispersos y aislados entre sí. Fuera de la Península y sus aledaños de Canarias, Ceuta y Melilla, la Monarquía conserva en América las islas de Cuba y Puerto Rico; en Asia, las Filipinas, Marianas, Carolinas y Palaos; en África, otro grupo de pequeñas islas y una zona costera –prácticamente una isla, por su aislamiento con respecto al interior del continente– en el golfo de Guinea. De otro lado, la misma España peninsular se ha convertido históricamente, desde 1814, en una “isla”: potencia de tan bajo rango, marginada con respecto a una Europa en la que ya no cuenta, arruinada en los años de “agonía del Antiguo Régimen”, económicamente atrasada, política y culturalmente imitativa, mimética y ya sin originalidad ni empuje; por no tener, carece hasta de una marina digna de ese nombre, que hubiera sido el único medio de conectar con relativa solidez sus dispersos territorios, puros restos del naufragio de 1808-1825. [...] Sin un lugar digno en el Congreso de Viena ni peso específico en la Santa Alianza, la España decimonónica parece que no encontró mejor vínculo de integración en Europa que su entrada en la impropiamente llamada Cuádruple Alianza (1834), más bien tratado en el que cristaliza un sistema regional europeo constituido por dos primeras potencias –Inglaterra y Francia– que se dignan incluir en él como satélites menores a las dos naciones ibéricas, con objeto de reforzar y estabilizar sus incipientes estructuras políticas liberales y parlamentarias frente al carlismo español y al miguelismo portugués. Aunque el sistema no funcionó a la perfección y tuvo sus ligeras, pasajeras crisis, resultó bastante sólido y duradero. Tuvo, al menos, la ventaja –potencialmente enorme, mas por desgracia estéril– de terminar con los viejos y dañinos antagonismos hispano-portugueses, antaño provocados y agravados por Inglaterra. Tuvo la previsible consecuencia de hacer de la Península un coto de explotación económica y financiera por parte de Inglaterra y Francia; y, todavía peor, de convertir a España y Portugal en Estados provincianos deslumbrados por la nueva civilización europea del imperialismo, del capitalismo industrial y de la ética burguesa. La Cuádruple Alianza significaría para España una política internacional seguida por los gobiernos de Madrid con fidelidad casi absoluta durante varias décadas: “cuando Francia e Inglaterra marchen de acuerdo, España se unirá a ambas; cuando entren en conflicto, España se abstendrá”.
Por supuesto que las naciones ibéricas se asociaron a la Cuádruple Alianza en exclu- sivo beneficio de Inglaterra y Francia. Regímenes liberales y parlamentarios en España y Portugal darían a la Europa occidental y atlántica una homogeneidad constitucional que redundaría en prestigio para Francia e Inglaterra, y facilidades para que ambas tuvieran en la Península un buen mercado para sus manufacturas y un buen campo para sus jugosas inversiones de capital en ferrocarriles, minas, etc. Había también razones estratégicas importantes: el control de la Península significaba, para Inglaterra, el de la vital ruta del Estrecho y la seguridad y prosperidad de su enclave colonial en Gibraltar; para Francia, la seguridad de la ruta Marsella-Argel, tan cercana a las islas Baleares y tan importante desde que se inicia la ocupación gala de Argelia (1830). Los políticos es- pañoles, por lamentable mimetismo, adoptaron con rapidez las ideas y actitudes colonia- listas de Inglaterra y Francia, que consideraron atributo esencial de un Estado europeo moderno, fuerte, progresista y rico. En las Constituciones españolas de 1837 y 1845 se establece que las Provincias de Ultramar serán regidas y administradas por leyes especia- les; quedaba así repudiada la igualdad de todos los españoles de ambos hemisferios que se había proclamado en la Constitución de 1812. El colonialismo incipiente, temporal y vergonzante de los últimos años del absolutismo ilustrado se transforma desde 1837, por obra y gracia del liberalismo parlamentario, en pleno, puro y descarado colonialismo de tipo europeo.

GUILLERMO CÉSPEDES DEL CASTILLO: América hispánica (1492-1898).