martes, 25 de octubre de 2016

2º C- TEMA 1. MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98. SELECCIÓN DE TEXTOS I.


TEMA 1. MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98. SELECCIÓN DE TEXTOS I.

TEXTO I

¿QUÉ ES EL MODERNISMO?, EDUARDO LÓPEZ CHAVARRI.

El Modernismo, en cuanto movimiento artístico, es una evolución y, en cierto modo, un renacimiento.
No es precisamente una reacción contra el naturalismo, sino contra el espíritu utilitario de la época, contra la brutal indiferencia de la vulgaridad. Salir de un mundo en que todo lo absorbe el culto del vientre, buscar la emoción de arte que vivifique nuestros espíritus fatigados en la violenta lucha por la vida, restituir al sentimiento lo que le roba la ralea de egoístas que domina en todas partes…, eso representa el espíritu del Modernismo.
El artista, nacido de una generación cansada por labor gigantesca, debe sentir el ansia de liberación, influida por aquel vago malestar que produce el vivir tan aprisa y tan materialmente. No podía ser de otro modo: nuestro espíritu encuéntrase agarrotado por un progreso que atendió al instinto antes que al sentimiento; adormecióse la imaginación y huyó la poesía; desaparecen las leyendas misteriosas profundamente humanas en su íntimo significado; el canto popular libre, impregnado de naturaleza, va enmudeciendo; en las ciudades, las casas de seis pisos impiden ver el centelleo de las estrellas, y los alambres del teléfono no dejan a la mirada perderse en la profundidad azul; el piano callejero mata la musa popular: ¡estamos en pleno industrialismo! En medio de este ambiente, vemos infiltrarse cada vez más en el alma de las gentes la “afectación de trivialidad”, especie de lepra que todo lo infecciona y lo degrada: entre nosotros se traduce por el chulapismo y el flamenquismo, los cuales triunfan con su música patológica y su “poesía” grosera, haciendo más y más imposible todo intento de dignificación colectiva… En oposición a esto, entran nella commedia dell’arte las máscaras groseras del pedantismo y el diletantismo, entecos, asexuales y tan perniciosos como los anteriores. Y he ahí la materia que ha venido a formar al “público” (es decir, lo contrario del “pueblo”-gens), masa trivial y distraída, que no tiene voluntad para la obra de arte, masa indiferente y hastiada, que protesta con impaciencia cuando se la quiere hacer sentir. ¿No había de sublevarse todo espíritu sincero contra estas plagas?
Tal es la aspiración de donde nació la nueva tendencia de arte, tendencia que puede ser considerada, en último término, como una palpitación más del romanticismo.


TEXTO II

“SONATINA”, PROSAS PROFANAS, RUBÉN DARÍO.

La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de Mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que Abril!

¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!

TEXTO III

FRAGMENTO, CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA, RUBÉN DARÍO.

Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.

Yo supe del dolor desde mi infancia,
mi Juventud… ¿fue juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan su fragancia,
una fragancia de melancolía…

Potro sin freno se lanzó mi instinto,
mi juventud montó potro sin freno;
iba embriagada y con puñal al cinto;
si no cayó, fue porque Dios es bueno.

En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva;
un alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida ante el mundo, de manera
que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melodía…

Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de «te adoro», de «¡ay!» y de suspiro.

TEXTO IV

“LO FATAL”, CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA, RUBÉN DARÍO.

– XLI –

Lo fatal

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

sábado, 22 de octubre de 2016

2º C. LITERATURA. TEMA 1. MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98.



LITERATURA.

TEMA 1. MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98.

CONTEXTO HISTÓRICO
A fines del siglo XIX y principios del siglo XX Europa vive un periodo de inestabilidad que desembocará en la Primera Guerra Mundial.
España está inmersa en una crisis económica, política, social y espiritual. La Gloriosa (1868) no dio los frutos que se esperaba de ella y llegó el desencanto. La Restauración (1875) no fue capaz de paliar los graves problemas, aunque supuso un periodo de relativa tranquilidad, marcado por la alternancia en el gobierno de liberales y conservadores. En 1898 el gobierno de Sagasta lleva a España a una guerra desigual que termina con el conocido Desastre del 98, en que España pierde Cuba, Filipinas y Puerto Rico, muchas vidas e influencia económica. La situación se agrava y la crisis económica se convierte en social, cuyo máximo exponente de violencia fue la Semana Trágica de Barcelona en 1909. La brutal represión provocó el rechazo de la sociedad española y de Europa. Llegará después el golpe de estado y la dictadura de Primo de Rivera (1923), que puso fin al turno de partidos y al parlamentarismo. En 1931 se proclama la segunda República, que intentará resolver los graves problemas del país, pero que encontró todo tipo de obstáculos. España se despeña entonces en la Guerra Civil (1936-1939).
A principios de siglo España era un país atrasado en todos los sentidos. Por ello, se analiza la realidad española en profundidad para intentar regenerar el país y se vuelven los ojos a autores como Larra, Cadalso o incluso Quevedo. Ya a fines del siglo XIX el interés recayó en la educación como única vía posible de regeneración. El krausismo evolucionó al institucionismo. En 1876 Giner de los Ríos funda la Institución Libre de Enseñanza con la intención de “rehacer España dese abajo mediante la educación”. De todo este caldo de cultivo nació el movimiento regeneracionista: Joaquín Costa, Ramiro de Maeztu y Francisco Silvela intentaron buscar lo propio del alma española, labor que será clave para el 98 y que después continuarán hombres como Menéndez Pidal, Américo Castro y Ortega y Gasset.
A fines de siglo XIX en España, Europa e Hispanoamérica surgen movimientos de tipo disidente e inconformista fruto de la crisis de la conciencia burguesa. Nacen en el seno de la burguesía pero son de signo antiburgués. En la literatura cunden los impulsos renovadores, radicalmente opuestos a las tendencias vigentes (realismo, naturalismo, prosaismo poético...). En un principio se llamó “modernistas” a los jóvenes escritores movidos por esta ansia de renovación, pero con el tiempo el término fue reservándose a aquellos, especialmente poetas, que se separan del mundo al que odian y encauzan su inconformismo en la búsqueda de la belleza, lo raro, lo exquisito: se propusieron una renovación estética. Junto a ellos, otros escritores, fundamentalmente prosistas, movidos por el mismo afán renovador, dan especial cabida en su temática a los problemas del momento histórico y recibieron el nombre de Generación del 98, término muy discutido.
Ambos movimientos coinciden cronológicamente y buscan una renovación literaria, pero las diferencias entre ellos son notorias. El Modernismo quiso ser una superación de las fronteras nacionales y soñó con París, Oriente y países exóticos. Tal y como llega a España de la mano de Rubén Darío ( su segunda estancia en España pone en contacto a modernistas y noventayochistas), es una literatura de los sentidos, deslumbrante de cromatismo y atractivos sensuales. Impulsados por la búsqueda de la belleza, utilizaron un lenguaje minoritario y retoricista de intención predominantemente estética. La Generación del 98 enfocó su alma en su preocupación por España y redescubrió Castilla como cuna de lo español. Se trata de una literatura que constituye un examen de conciencia y que busca la verdad. Su lenguaje huye del barroquismo, del artificio recargado, del casticismo y del preciosismo literario. Desean una lengua válida para todos, y para ello había que conseguir mayor ligereza y precisión.
Modernismo y Generación del 98 rechazan del ochocientos el cliché lingüístico y la frase hecha. Ambos comienzan la llamada Edad de Plata o Segunda Edad de Oro de las letras españolas.

1. MODERNISMO

Podemos definir el Modernismo literario como un movimiento de ruptura con la estética vigente que se inicia en torno a 1880 y cuyo desarrollo fundamental llega hasta la Primera Guerra Mundial, aunque autores como Machado o Juan Ramón lo abandonaran antes, o podamos percibir su eco en momentos posteriores entrelazado con movimientos ya distintos. Sin embargo, para muchos más que un movimiento estético fue una actitud, una reacción contra el espíritu utilitario y las formas de vida burguesa.
El término “modernista” fue utilizado en un principio con un matiz despectivo, pero Rubén Darío, junto a otros escritores, asume con orgullo ese mote a partir de 1890. Rubén Darío publica en 1888 su obra Azul (18 cuentos y siete poemas), que supone la obra inaugural del movimiento y que le convirtió en padre del Modernismo ya que supuso una revolución formal por la modernización de recursos expresivos y el cuidado del ritmo. En el prólogo de Prosas profanas (1896) formula las bases de la nueva estética: afán de originalidad, exotismo, exaltación de países lejanos (Grecia, China, Japón), armonía de la palabra y verso deslumbrante. Enriqueció el léxico con voces de gran sonoridad, introdujo el soneto en alejandrinos y cultivó el dodecasílabo y el verso libre. Evoluciona hacia un tono más reflexivo y abandona el preciosismo en Cantos de vida y esperanza (1905), poesía trascendental en la que reflexiona sobre la vida y en la que aparecen junto a lo pagano y lo erótico tonos graves, inquietud, amargura, desengaño. También aparece su preocupación social y denuncia los peligros de la dominación americana para la cultura hispana.
El modernismo triunfante en España coincidió con la segunda estancia de Rubén en España en 1899, momento en que se encauzó definitivamente el cambio poético. El afán renovador de los jóvenes escritores españoles será guiado de la mano de Rubén y de la nueva poesía de José Martí (Cuba) o M. Gutiérrez Nájera (Méjico). La aludida crisis de la conciencia burguesa produjo actitudes distintas: la rebeldía política, como la de José Martí, muy parecida a la postura de los jóvenes del 98 en España, aunque la más característica es la de aquellos que expresan literariamente su repulsa por vía de un aislamiento aristocrático y un refinamiento estético, acompañados no pocas veces de actitudes inconformistas como la bohemia o el dandismo, y ciertas conductas asociales y amorales.
La primacía de Hispanoamérica en la constitución del Modernismo es indiscutible. En un principio se rechazó la tradición española y la poesía dominante en la antigua metrópoli (a excepción de Bécquer), de ahí que volvieran los ojos a otras literaturas. La influencia francesa en fundamental. Además de los grandes románticos (Víctor Hugo), hubo dos movimientos claves:
-el Parnasianismo, y la máxima de T. Gautier “el arte por el arte”, hace que se instaure el culto a la perfección formal y una poesía serena y equilibrada de formas puras y escultóricas. Los temas predilectos de Leconte de Lisle reaparecerán en el Modernismo: evocación de los mitos griegos, de exóticos ambientes orientales, de épocas y civilizaciones pasadas, el mundo bíblico, el antiguo Egipto, los pueblos germánicos o la Edad Media española.
-el Simbolismo, corriente de idealismo poético que arranca de Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, sin abandonar las metas estéticas, postula que el mundo sensible no es más que el reflejo o símbolo de las realidades escondidas, y la misión del poeta es descubrirlas, de ahí que los versos se llenen de misterios, sueños y símbolos (ej, el ocaso=vejez o muerte, río=vida...) Es una poesía que propone sugerir mediante un lenguaje fluido y musical.
El modernismo hispánico es una síntesis de ambos movimientos, aunque también son destacables otras influencias: E.A. Poe y Walt Whitman (EEUU), Oscar Wilde (Inglaterra) y poetas de la propia tradición española: Bécquer y los poetas antiguos: Berceo, Manrique, el Arcipreste y los poetas de los Cancioneros del siglo XV. El retorno a las raíces españolas se incrementará tras el 98. El Modernismo español presentó algunas peculiaridades: menos brillantez externa y un predominio del intimismo (menos parnasianismo y más sabia simbolista, unida a la huella de Bécquer).

TEMAS

En cuanto a la temática modernista, apunta en dos direcciones: la exterioridad sensible (lo legendario, lo pagano y lo exótico) y la intimidad del poeta (vitalismo y sensualidad pero también melancolía y angustia).
Sienten una desazón romántica (malestar y rechazo a la sociedad), de la que se deriva una sensación de soledad y desarraigo. Se exaltan de nuevo las pasiones y lo irracional frente a la razón y reaparece el misterio, lo fantástico, el sueño. Pero lo más importante son las manifestaciones de tedio, tristeza y profunda melancolía, a veces angustia, de ahí la importancia de la presencia de lo otoñal. De la necesidad de soñar mundos de belleza en los que refugiarse de un ambiente mediocre procede su escapismo, en el espacio (lo exótico y lo oriental) y el tiempo (hacia el pasado medieval o el de los mitos clásicos): los versos se llenan de ninfas, sátiros, vizcondes, caballeros y castillos. La misma necesidad de evasión supone el cosmopolitismo, que desemboca en la devoción por París.
En cuanto al tema del amor y el erotismo, hay un fuerte contraste entre un amor delicado y una idealización del amor y la mujer, acompañado casi siempre de languidez y melancolía (nuevo cultivo del amor imposible) y un erotismo desenfrenado: Rubén y otros escritores nos muestran descripciones sensuales y notas orgiásticas, que se interpretan a veces como un desahogo vitalista ante las frustraciones, y otras enlaza con actitudes amorales y asociales.
Serán también importantes los temas americanos: al principio como evasión a los mitos del pasado, después como búsqueda de unas raíces comunes.
En cuanto a los temas hispanos, después del 98 se produce un acercamiento a lo español y un “panhispanismo” frente a EEUU (Cantos de vida y esperanza). Rubén Darío saludó a España como la Patria Madre, pero su mirada fue crítica, vecina en algún punto a los noventayochistas. En los modernistas españoles será difícil encontrar muestras de una actitud crítica por la realidad española del momento, pero sí se aprecian finas captaciones impresionistas del paisaje, presididas por metas estéticas, o evocaciones de figuras a modo de estampa.
 
LA ESTÉTICA MODERNISTA

La estética modernista tiene como base la búsqueda de belleza, armonía y perfección, de ahí el esteticismo que lo invade todo, al menos en la primera etapa del movimiento. De ahí la búsqueda de valores sensoriales (para Salinas el Modernismo es una literatura de los sentidos). Para ello, el manejo del idioma será imprescindible.
El enriquecimiento estilístico apunta en dos direcciones: en el sentido de la brillantez y los grandes efectos por un lado; en el sentido de lo delicado, por otro. Así sucede con el color y los efectos sonoros.
Los modernistas se valdrán de todos aquellos recursos estilísticos que se caractericen por su valor ornamental, su valor sugeridor o ambos: aliteraciones (la libélula vaga de una vaga ilusión), sinestesias (verso azul, sol sonoro), imágenes (nada más triste que un titán que llora / hombre montaña encadenado a un lirio) y enriquecimiento del léxico con cultismos o voces exóticas o adjetivación ornamental (dromedario, ebúrneo cisne)
No podemos olvidarnos de las innovaciones métricas. En su anhelo de ritmo, usaron con preferencia el verso alejandrino, de influencia francesa será el dodecasílabo y el eneasílabo, aunque no dejaron los versos tradicionales como el endecasílabo o el octosílabo. En cuanto a las estrofas, lo importante era no ceñirse a las estrofas consagradas, de ahí que el soneto ofrezca múltiples variedades. 

AUTORES

Los principales representantes del Modernismo son:

1. Ramón María del Valle Inclán (1866-1936).
Su amplia producción literaria abarca todos los géneros y nos muestra también una profunda evolución: desde el Modernismo elegante y nostálgico, que es una evasión hacia la belleza, a una literatura crítica basada en la distorsión de la realidad: el esperpento supone una evasión hacia lo trágico y miserable del alma humana.
La etapa modernista de Valle coincide con sus primeros años de creación literaria. En esta etapa predominan las obras donde aparece una Galicia primitiva, mezcla de lo patriarcal y lo popular, lo legendario y lo realista.
Sus Sonatas representan la cima de la prosa modernista: son cuatro novelas breves que recogen las memorias del Marqués de Bradomín, un don juan “feo, católico y sentimental”. Cada una de ellas supone un paisaje, una estación y una edad de la vida diferentes: La Sonata de estío nos cuenta una relación amorosa en Méjico; la Sonata de otoño, su relación con una enferma de tuberculosis en Galicia; la Sonata de primavera la relación con una novicia a orillas del Tirreno; y la Sonata de invierno, su pérdida del brazo por Carlos VII en Navarra.
Domina en ellas un romanticismo decadente en el que las mujeres son etéreas y enfermizas y los jardines descuidados pero hermosos. Constantemente se enfrentan en el héroe la religiosidad y el erotismo: mezcla la elegancia y la amoralidad en una exaltación de un mundo decadente. Su prosa es rítmica, refinada y bellísima. 

2. Antonio Machado (1875-1936).

Para Machado la poesía es “palabra esencial en el tiempo”: busca captar la esencia de las cosas al mismo tiempo que su fluir temporal.
A pesar de que algunas tradiciones lo han convertido en representante de la poesía de la Generación del 98, esto es ideológicamente inexacto y su arranque en el Modernismo es indiscutible: combina romanticismo tardío y simbolismo, huellas que no desaparecerán, aunque llevará a cabo un depuración estilística que desembocarán en estilo sobrio y una densidad expresiva muy personales.
Su primer ciclo poético en 1903 fue Soledades, que será ampliada en 1907 a Soledades, galerías y otros poemas. Se trata de un modernismo intimista ya que Machado escribe mirando hacia dentro, en un íntimo monólogo como Bécquer o Rosalía de Castro.
Intenta apresar los sentimientos universales: el tiempo (tempus fugit), dios (sentido como Unamuno) y la muerte, y sus reflexiones sobre el destino del hombre y la condición humana justifican su condición de poeta existencial. A ello se unen recuerdos nostálgicos del pasado, evocaciones del paisaje y un amor más soñado que vivido.  Soledad, melancolía y angustia son el resultado de mirar en el fondo del alma.
Utiliza símbolos de realidades profundas: el agua (fugacidad cuando corre, muerte cuando se detiene…), el camino, la tarde, etc. Proyecta su interior sobre el paisaje.
La influencia del Modernismo y Simbolismo también se aprecia en la versificación: utiliza versos dodecasílabos y alejandrinos, aunque ya aparecen formas más sencillas como la silva.
En 1912, poco antes de la muerte de Leonor, aparece Campos de Castilla. En ella se aprecia mayor variedad temática: preocupación patriótica, simple amor a la Naturaleza o reflexión sobre el hombre. Conjuga poemas intimistas en la línea de Soledades con cuadros de gentes y tierras de Castilla como base de su preocupación por España. Junto a una visión “objetiva” del paisaje (“Campos de Soria” “Orillas del Duero”), hay poemas en los que se proyecta sobre el paisaje (subjetividad) seleccionando lo recio y lo austero e intensificando, principalmente con adjetivos, lo que sugiere fugacidad, soledad o muerte, ofreciendo una visión lírica del paisaje. Junto a ella, ofrece también una visión crítica, que fue lo que motivó su adscripción al 98, aunque sólo “A orillas del Duero” o “Por tierras de España” están en la línea regeneracionista.  Más tarde añadirá poemas en los que ofrece una visión progresista, como “Del pasado efímero” “El mañana efímero”.
Revitaliza el romance en el extenso poema “La tierra de Alvar González, centrado en el cainismo.
Pero empieza a destacar con sus “Proverbios y cantares”, chispazos líricos o filosóficos que, en formas inspiradas en las coplas tradicionales, recogen sus hondas preocupaciones.
La obra muestra un itinerario personal que va de una Castilla vivida a una Castilla recordada, pasando por la muerte de Leonor.
En la segunda parte encontramos evocaciones a Soria o la esposa muerta (“Ciclo a Leonor”) junto con meditaciones sobre el paso del tiempo, la muerte y dios. Termina con “Elogios”, entre otros, a Giner de los Ríos, Unamuno, Darío o Juan Ramón Jiménez.
En la métrica, son frecuentes las silvas asonantadas, aconsonantadas  y la combinación silva-romance.
En 1924 publica Nuevas canciones, que muestran un menor impulso creador aunque un mayor interés por lo filosófico. En sus “Proverbios y cantares”, las inquietudes filosóficas pasan a primer término.
Tras esta obra desciende el cultivo de la poesía y se dedica a su obra en prosa Juan de Mairena. Edita sus Poesías completas (1928, 1923, 1936) con algunos poemas añadidos en los que destaca Canciones a Guiomar, dedicado a un tardío amor (Pilar de Valderrama).
Durante la guerra civil se muestra como un poeta cívico de la España republicana. En Poesías de guerra, dedica un poema a Lorca: “El crimen fue en Granada”.

3. Manuel Machado (1884-1947)

Destaca junto a su hermano en la poética modernista con obras como Tristes y alegres, en la que esboza su personalidad, o Alma (1901) donde es observable un modernismo simbolista mezclado con el andalucismo colorista y sensual típico del autor. Se trata de una obra sensual pero con melancolía rubeniana.
El resto de su producción será un desarrollo de los temas apuntados en Alma. En la etapa que va desde sus Caprichos (1905) a su Ars moriendi (1922) se nos aparece como el más fiel de los modernistas españoles. Los rasgos más destacados de su poesía: suave sonoridad de los versos, combinación de formas y ritmos franceses y el sentir popular de Andalucía vestido en los moldes de la copla, hasta el punto que su poesía se integró en el pueblo olvidando el nombre de su creador, hecho que, en palabras del propio autor, constituía la mayor gloria del poeta. 

4. Juan Ramón Jiménez.

Principal figura de la Generación del 14, comienza su producción en el Modernismo, aunque llevará cabo una superación del mismo a través de un ejercicio de depuración constante que dará lugar a una poesía de creciente dificultad y hermetismo. Su obra está presidida por una triple sed (de Belleza, de Conocimiento, de Dios), y sus tres etapas (sensitiva, intelectual, suficiente) son en realidad tres formas distintas de acercamiento a lo inefable.
Su producción modernista corresponde a la etapa sensitiva (de sus comienzos  1905). En Almas de violeta o Ninfeas se aprecia un modernismo más ornamental, que luego repudiaría; su primer gran libro, Arias tristes, muestra ya un modernismo intimista que conjuga la herencia posromántica y el simbolismo, y que estará también presente en obras como Elejías, La soledad sonoro o Poemas mágicos y dolientes.
Su obra en prosa Platero y yo es muestra de una auténtica prosa poética en la que combina rasgos modernistas con una voluntad de pureza que continuará a lo largo de su producción posterior.

GENERACIÓN DEL 98

Fue Azorín quien acuñó el término de Generación de 98 en unos artículos de 1913. En su nómina aparecen nombres tan sorprendes como el de Rubén Darío o Benavente, y queda fuera Antonio Machado. Señala como características comunes de estos jóvenes escritores su espíritu de protesta, un profundo amor al arte y las influencias que recibieron del parnasianismo de Gautier y del simbolista de Verlaine, con lo que no se presenta aún desligado del Modernismo.
Pedro Salinas habla de Generación del 98 para designar a aquellos autores que compartían una serie de características generacionales: nacieron en años poco distantes (10 años separan al mayor, Unamuno, del más joven, Machado), tuvieron una formación intelectual semejante (el autodidactismo), eran un grupo de jóvenes escritores que pronto entraron en contacto, acudieron a las mismas tertulias y colaboraron en las mismas revistas (Juventud, Alma española, Helios) y participaron en actos colectivos propios, como la visita a la tumba de Larra. Obviamente el desastre del 98 aunó voluntades. Señala a Unamuno guía. Sin embargo, autores como Baroja o Unamuno rechazaron o pusieron reticencias a esta denominación y críticos actuales niegan la existencia de dicha generación, y lo cierto es la mayoría de estas características las comparten con los modernistas. Respecto a la oposición Modernismo y Generación del 98, hoy parece ya superada.

Para Azorín un “espíritu de protesta” y rebeldía animaba a la juventud del 98, lo cual es una muestra de la crisis de la conciencia pequeño-burguesa: procedentes de las clases medias, es la primera generación de intelectuales que intentó pasarse al enemigo. A excepción de Valle Inclán y Machado, que tuvieron un proceso evolutivo inverso, la labor inicial de los noventayochistas se emparienta con movimientos políticos revolucionarios: Unamuno está afilado al marxista PSOE y escribe en revistas subversivas, Maeztu comparte los anhelos socialistas que vierte en Hacia otra España, Azorín se declara anarquista y Baroja siente también simpatía por esta ideología, aunque no adopte una postura tan activa como la de sus compañeros. Valle, por el contrario, profesa ideas netamente tradicionalistas y Machado sólo se conoce por un libro de poesía intimista, Soledades, en el que aún no aparecen sus ideas liberales.
En 1901 el “grupo de los tres” publica un Manifiesto con el fin de cooperar a la generación de un nuevo estado social: de nada sirven el dogma religioso, ni el doctrinarismo republicano y socialista ni el ideal democrático. Sólo la ciencia social puede mejorar la vida de los miserables. Su posición ahora es la de un reformismo de tipo regeneracionista.
Pero la campaña fue fracaso y con ello llega el desengaño. En 1905 se inicia un giro hacia posturas netamente idealistas y sienten en el alma el fracaso de los anhelos juveniles. La preocupación por España sigue siendo clave, pero ahora desde la actitud contemplativa del soñador o desde un escepticismo desconsolado.
En 1910 cada autor ha forjado ya una fuerte personalidad. Hay una serie de características que configuran lo que tradicionalmente se conoce como mentalidad del 98, además del ya mencionado idealismo. Se intensifica el entronque con corrientes irracionalistas europeas: Nietzsche, Schopenhauer, Kierkegaard (puede hablarse de un neorromanticismo coincidente con el de los modernistas). Adquieren especial relieve las preocupaciones existenciales: los interrogantes acerca del sentido de la vida, la muerte o el tiempo producen en los escritores o en sus personajes hastío vital o angustia, en especial en Unamuno. El tema de España se enfocará con tintes subjetivos, de forma que los anhelos y angustias íntimas de los autores se proyectan sobre la realidad española. Y la historia, es otro de los campos de reflexión: al principio se acude a ella para rastrear las raíces de los males presentes, pero después se buscan los valores permanentes de Castilla y de España. Les atrajo también lo que Unamuno llamó “intrahistoria”: “la vida callada de los millones de hombres sin historia que, con su labor diaria, han hecho la historia más profunda”. Y junto al amor por España, el anhelo de europeización, aunque con el tiempo dominará en casi todos ellos la exaltación casticista.
En la evolución ideológica los noventayochistas, Azorín derivó a posturas tradicionalistas, Maeztu se convirtió en el adalid de la derecha nacionalista; Unamuno, en constante contradicción, se encerró cada vez más en sí mismo y después de una postura ambigua ante el alzamiento, pronunció su famosa proclama “vencerán pero no convencerán”. Baroja se recluye en un escepticismo radical. Valle, por el contrario, se acerca a posturas progresistas cada vez más radicales y la evolución ideológica de Machado le lleva cada vez más a la izquierda.
Su lenguaje generacional supone importantes novedades estilísticas y una ruptura con el Realismo y el Naturalismo. Rechaza la estética precedente, con significativas excepciones: Maeztu siente afinidad con Galdós, y valora con criterios modernos a Bécquer y a Rosalía. Se toma a Larra como precursor y sienten veneración por algunos clásicos: Fray Luis, Quevedo o Cervantes y la literatura medieval, en especial el Cantar de Mio Cid, Berceo, el Arcipreste de Hita o Manrique.
Con una clara voluntad antirretórica quieren ir a las ideas, al fondo, de ahí el sentido de la sobriedad y el cuidado del estilo. Amplían el léxico español con palabras tradicionales o terruñeras que toman del habla de los pueblos o de las fuentes clásicas. Como ya apuntamos, el subjetivismo se convierte en un rasgo esencial, de ahí que el lirismo impregne un gran número de páginas que desvelan el sentir personal de cada autor (intimismo). Frente al tema de España, se mezclan amor y dolor, de ahí que junto a la visión de atraso y pobreza, encontremos cada vez más una exaltación lírica de los pueblos y del paisaje, fundamentalmente de Castilla, en la que vieron la cuna de la nación, de la tradición literaria y de la cultura, que tiene como máximo exponente a Don Quijote. Su atracción por lo austero de las tierras castellanas supuso una nueva sensibilidad.
Además, innovaron en el campo de los géneros literarios: se observan profundos cambios en la novela y se configura el ensayo moderno. Menor éxito tuvieron los intentos de renovación en el teatro, a excepción de Valle.
La estética y el espíritu noventayochista se manifiesta en todos los géneros literarios: novela, poesía, ensayo y teatro. Sus principales representantes son:

1. Miguel de Unamuno (1864-1936)

Estuvo en constante lucha con los demás, fundamentalmente contra la ramplonería, y consigo mismo: varias crisis de fe le hicieron hundirse en los problemas de la muerte y la nada, y su eterno debate entre fe e incredulidad llenarán sus páginas de angustia.
Cultivó todos los géneros literarios y todas su obras se hayan vertebradas en torno a dos ejes temáticos fundamentales: el tema de España y el sentido de la vida humana.
Su inmenso amor por la patria le arranca su famoso grito “me duele España”. En su ensayo En torno al casticismo, analiza el carácter nacional a través de la intrahistioria y plantea otras cuestiones fundamentales del 98: la valoración de Castilla, la articulación de españolismo y europeización… Vida de Don Quijote y Sancho es una interpretación muy personal de la obra cervantina en la que llega a la conclusión de que los males de la patria residen en que ya no hay Quijotes. Cambia sus anhelos de europeizar España por el de españolizar Europa. El tema de España estará presente en otros ensayos como Por tierras de Portugal y España, Andanzas y visiones españolas, en cientos de artículos y en buena parte de su obra poética.
El tema del sentido de la vida humana cobra acentos muy personales en este autor. Su pensamiento existencial también se vierte en ensayos, novelas, teatro y poesía, así como en artículos. En el ensayo Del sentimiento trágico de la vida nos muestra su miedo a la Nada, al anonadamiento tras la muerte, lo que supone la angustia de despertar a la trágica condición humana. La inmortalidad se convierte en una idea monomaníaca, de ahí su hambre de Dios, pero la razón le niega la esperanza. Los mismos temas aparecerán en La agonía del cristianismo. Unamuno contribuyó con éstos y otros ensayos a la creación de la retórica del ensayo español.
En cuanto a su obra poética, despreció la rima y prefirió el verso libre, aunque después recurrió a estrofas tradicionales. Su estilo es sobrio, denso conceptualmente. Su temática: la inmortalidad, la identidad del ser, la intuición como forma de conocimiento... Destacaremos Poesías, Rosario de sonetos líricos, El Cristo de Velázquez y Cancionero.
En su teatro representó directamente los conflictos íntimos, así en Fedra, Raquel encadenada, La esfinfe, Soledad y El otro.
Pero prestaremos más atención a la novela, dada la renovación del género que supusieron sus obras, cauce de los conflictos existenciales. Comenzó, sin embargo, con una novela histórica o intrahistórica, que necesitó más de doce años de preparación (novelista ovíparo), Paz en la guerra. Amor y pedagogía ya es una novela ideas (novelista vivíparo). A su siguiente novela, Niebla, la subtitula nivola como reacción a la crítica: se trata de una naracción breve en la que apenas hay descripciones, el diálogo juega un papel fundamental y sus personajes son agonistas, anhelosos de serse, que luchan por su existencia contra la muerte y la disolución de su personalidad. Después, vendrán otros dramas: Abel Sánchez (cainismo), La tía Tula (maternidad) o San Manuel, bueno, mártir (un cura pierde la fe pero guarda las apariencias para procurarles la felicidad a sus feligreses). También escribió cuentos y novelas cortas como Tres novelas ejemplares y un prólogo.
 
2. Ramón María del valle Inclán (1866-1936).

Después de publicar sus Sonatas empieza a alejarse del Modernismo para preocuparse por el pueblo, los oprimidos y el la situación de España. Comedias bárbaras son tres obras teatrales en las que recupera Galicia pero ahora con toda su miseria: personajes violentos, extraños o tarados, y todo ello presidido por Don Juan de Montenegro, tirano que representa un mundo heroico en descomposición. El lenguaje se vuelve más fuerte y hasta agrio, pero musical y brillante. Esta tendencia se acentúa en la trilogía de novelas La guerra carlista en la que, junto a resabios modernistas, aparece un lenguaje desgarrado y bronco, acentuado por un léxico rústico. En las novelas de la última etapa, como Tirano Banderas o el ciclo de novelas históricas El ruedo ibérico, el estilo, como en los esperpentos, es desgarrado, agrio en su humor, con una fuerte carga crítica, pero sigue siendo una prosa de cuidada elaboración.
Tras esta etapa de transición llega el esperpento, cuyo máximo exponente es su obra teatral Luces de bohemia. Pone su estética al servicio de las ideas del 98: lo trágico y lo grotesco se mezclan para dar como resultado una estética que pretende ser la superación del dolor y la risa. Deforma la realidad para realizar un profundo análisis crítico de la sociedad.

3. José Martínez Ruiz, “Azorín” (1873-1967)

Su pensamiento se centra en la obsesión por el tiempo, la fugacidad de la vida, una melancolía que fluye mansamente unido al deseo de apresar lo que permanece por debajo de lo que huye o de fijar en el recuerdo las cosas que pasaron. Es un contemplativo y un espíritu nostálgico que vive para evocar. Es el mejor ejemplo de compenetración noventayochista con el paisaje castellano. En sus novelas se difumina la línea divisoria entre novela y ensayo, apenas hay trama argumental, mero pretexto para hilvanar una galería de personajes fracasados y sensibles. Autor impresionista atento a la belleza de lo nimio. Su estilo fluye lento, con un lirismo contenido: precisión, claridad y uso de la palabra justa y la frase breve; técnica miniaturista en sus descripciones.
Sus tres primeras novelas son de carácter autobiográfico y de ella toma su pseudónimo: La voluntad, Azorín y Confesiones de un pequeño filósofo. En su segunda etapa recupera a los grandes clásicos y culmina su percepción del tiempo en el ensayo Castilla. Intentó renovarse con las vanguardias, pero después volvió al tema del tiempo.
4. Pío Baroja (1872-1956)

Dos son las notas que caracterizan la personalidad de este autor: pesimismo e individualismo.
Se dedicó casi en exclusiva a la novela, la que concibe como un saco donde todo cabe. Reivindica la imaginación y la invención junto con la observación y nos muestra con maestría el panorama social de la España mísera del momento.
Sus personajes son siempre un reflejo del autor. Anheló ser un hombre de acción, pero era un ser abúlico, de ahí que encontremos personajes en los que se proyecta este ideal de hombre de acción que siempre quiso ser, y otros, como Andrés Hurtado, se muevan por el mundo con esa monomanía deambulatoria tan característica en Baroja.
Su concepción de la vida se inscribe en el pesimismo existencial: el escepticismo preside la raíz de todas sus ideas. El mundo carece de sentido, la vida es absurda y no alberga ninguna confianza en el hombre, lo que explica el hastío vital de muchos de sus personajes.
En cuanto al estilo, lleva al extremo la tendencia antirretórica de los noventayochistas: párrafo breve, frase corta, escasez de nexos, léxico común. Destacan sus descripciones impresionistas y la autenticidad conversacional de los diálogos. Su obra puede dividirse en etapas:
Hasta 1912: destacaremos Camino de perfección y las trilogías La raza (El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad de la niebla) y La lucha por la vida (La busca, Mala hierba, Aurora roja), Las ciudades, y una tetralogía, El mar, de la que destacaremos Las inquietudes de Shanti Andía.
Entre 1913 y 1935 se consagró a Memorias de un hombre de acción, serie de 22 novelas en torno a Andrés Aviraneta.
De 1936 hasta su muerte se dedicó a sus memorias, Desde la última vuelta del camino.

martes, 18 de octubre de 2016

2º C. TEMA 3. MODALIDADES DISCURSIVAS I. LA DESCRIPCIÓN Y LA NARRACIÓN.


TEMA 3. MODALIDADES DISCURSIVAS I. LA DESCRIPCIÓN Y LA NARRACIÓN.

TEXTOS DESCRIPTIVOS

CONCEPTO: Describir es representar cosas o personas por medio del lenguaje, explicando sus partes, cualidades o circunstancias. Es decir, representamos lingüísticamente el mundo real o imaginado, expresamos la manera de percibir el mundo a través de los sentidos y a través de nuestra mente que recuerda, asocia, imagina e interpreta.
El contenido de la descripción responde a preguntas del tipo ¿Qué es? ¿Cómo es? ¿Qué partes tiene? ¿Para qué sirve? ¿Qué hace?...
La descripción puede ser la modalidad discursiva dominante de un texto (informe médico, tratado de botánica, presentación de vinos...), pero en gran cantidad de textos aparece como secuencia combinada o incrustada. En el ámbito literario forma parte sustancial de los relatos: junto con la secuencia narrativa y la dialogal es parte esencial de la representación del mundo de ficción; junto con la secuencia expositiva y argumentativa, aparece en textos científicos y didácticos. Atendiendo a diferentes criterios, podemos clasificar las descripciones:
Podemos clasificar los textos descriptivos atendiendo a distintos criterios:

Según la actitud del hablante

Objetiva: fin utilitario, se intenta reproducir la realidad tal como es. El autor no da su opinión personal: se limita a exponer las cualidades del objeto descrito. Predominio de la función representativa o referencial.
Subjetiva: fin estético o literario. El autor mezcla la información sobre lo descrito con valoraciones e interpretaciones propias. Predominio de las funciones expresiva y poética. Puede ser estática ( el autor nos ofrece el aspecto de las cosas de manera estática, como si, inmovilizadas, permanecieran fuera del tiempo) o dinámica (no de trata de fijar una imagen sino de ofrecer una visión viva y animada).
Según el propósito de la descripción (convencer, informar, conmover, criticar...), predominará una u otra función de la lengua:

Referencial: si lo importante es lo que se describe, el referente.

Expresiva: si el emisor describe sentimientos implicándose emocionalmente.

Apelativa: puede haber una intención apelativa, por ejemplo, en publicidad, pues se pretende persuadir e inducir al receptor para que haga algo.

Función estética o poética: si más que lo que describe destaca el cómo está descrito, es decir, la imagen que de lo descrito está creando el lenguaje con el uso de ciertos recursos expresivos que llaman la atención sobre el propio código.

Según el objeto de la descripción:

-personas o personajes:

Autorretrato: si el retratado es el propio autor de la descripción.
Prosopografía: descripción de rasgos físicos (externos) de personas.
Etopeya: descripción de la psicología, el carácter o la conducta de las personas.
Retrato: descripción exterior e interior de personas.
Caricatura: descripción de una persona de la que se deforman sus rasgos.

-lugares, paisajes o ambientes:

Topografía

-sensaciones
-objetos: se incluyen generalmente sus partes, sus características y los rasgos que los definen.

Según la intención comunicativa:

-Técnica: finalidad práctica. Presenta las características del objeto con la intención de instruir al receptor. Está muy próxima a la exposición. Con ella comparte además la descripción técnica su objetividad (léxico denotativo, adjetivación especificativa), su precisión y su claridad. Aparece en textos expositivos de carácter científico, histórico, sociológico, manuales... Terminología específica (tecnicismos) símbolos lógicos y cifras.
Literaria: se caracteriza por su subjetividad y su expresividad. Predomina la finalidad estética sobre la informativa y práctica. El lenguaje es connotativo y está cargado de imágenes y otras figuras retóricas.

Características lingüísticas de la descripción:
Estilo nominal: predominio de adjetivos (especificativos, explicativos o epítetos) y sustantivos.
—Los verbos más frecuentes son los existenciales (haber, ser) y los de estado (estar, permanecer, quedarse) en descripciones estáticas y verbos de movimiento en descripciones dinámicas. Estos verbos forman el conjunto de unidades que sirven para presentar las entidades y sus rasgos. Suelen aparecer en presente y pretérito imperfecto que tienen aspecto imperfectivo.
Sintaxis: predomina la yuxtaposición y la coordinación.
Estilo figurado: en las descripciones literarias aparecen numerosos recursos expresivos.


PRÁCTICA DE TEXTOS DESCRIPTIVOS

Realiza un comentario de texto indicando: a) tema;  b) características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes; c) qué tipo de texto es.

[PARTÍCULAS ELEMENTALES. PROPIEDADES FUNDAMENTALES]

Todas las partículas elementales (p.e.) son objetos de masas y dimensiones extremadamente pequeñas. La mayor parte de las partículas tienen masas del orden de la masa del protón, igual a 1,6.10-24 g. (entre las partículas con masa no nula, resulta bastante menor sólo la masa del electrón: 0,9.10-27 g.). Las dimensiones del protón, pion y otros hadrones son del orden de 10-13 cm. y las del electrón y el muon no se han determinado, pero son menores que 10-16 cm. Las masas y las dimensiones microscópicas de las p.e. ocasionan la específica forma cuántica de su comportamiento. Las longitudes de De Broglie de las p.e., por lo general, son comparables o mayores que sus dimensiones típicas. De acuerdo con esto las regularidades cuánticas son determinantes en la conducta de las p.e.

(M. Projórov, dir., Diccionario enciclopédico de la Física, Ed. Mir, 1996)

EL SOMBRERO DE TRES PICOS, PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN.
El tío Lucas era más feo que Picio. Lo había sido toda su vida, y ya tenía cerca de cuarenta años. Sin embargo, pocos hombres tan simpáticos y agradables habrá echado Dios al mundo. Prendado de su viveza, de su ingenio y de su gracia, el difunto obispo se lo pidió a sus padres, que eran pastores, no de almas, sino de verdaderas ovejas. [...] Fuele tan fácil al tío Lucas rendir el corazón de la señá Frasquita, como fácil le había sido captarse el aprecio del general y del prelado. La navarra, que tenía a la sazón veinte abriles, y era el ojo derecho de todos los mozos de Estella, algunos de ellos bastante ricos, no pudo resistir a los continuos donaires, a las chistosas ocurrencias, a los ojillos de enamorado mono y a la bufona y constante sonrisa, llena de malicia, pero también de dulzura, de aquel murciano tan atrevido, tan locuaz, tan avisado, tan dispuesto, tan valiente y tan gracioso, que acabó por trastornar el juicio, no sólo a la codiciada beldad, sino también a su padre y a su madre.
Lucas era en aquel entonces, y seguía siendo en la fecha a que nos referimos, de pequeña estatura (a los menos con relación a su mujer), un poco cargado de espaldas, muy moreno, barbilampiño, narigón, orejudo y picado de viruelas. En cambio, su boca era regular y su dentadura inmejorable. Dijérase que sólo la corteza de aquel hombre era tosca y fea; que tan pronto como empezaba a penetrarse dentro de él aparecían sus perfecciones, y que estas perfecciones principiaban en los dientes. Luego venía la voz, vibrante, elástica, atractiva; varonil y grave algunas veces, dulce y melosa cuando pedía algo, y siempre difícil de resistir. Llegaba después lo que aquella voz decía: todo oportuno, discreto, ingenioso, persuasivo... Y, por último, en el alma del tío Lucas había valor, lealtad, honradez, sentido común, deseo de saber y conocimientos instintivos o empíricos de muchas cosas, profundo desdén a los necios, cualquiera que fuese su categoría social, y cierto espíritu de ironía, de burla y de sarcasmo, que le hacían pasar, a los ojos del académico, por un don Francisco de Quevedo en bruto.

 LA REGENTA, LEOPOLDO ALAS CLARÍN.
La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles. Cual turbas de pilluelos, aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los carteles de papel mal pegado a las esquinas, y había pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un escaparate, agarrada a un plomo.

Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, y descansaba oyendo entre sueños el monótono y familiar zumbido de la campana de coro, que retumbaba allá en lo alto de la esbelta torre en la Santa Basílica. La torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra del siglo diez y seis, aunque antes comenzada, de estilo gótico, pero, cabe decir, moderado por un instinto de prudencia y armonía que modificaba las vulgares exageraciones de esta arquitectura. La vista no se fatigaba contemplando horas y horas aquel índice de piedra que señalaba al cielo; no era una de esas torres cuya aguja se quiebra de sutil, más flacas que esbeltas, amaneradas, como señoritas cursis que aprietan demasiado el corsé; era maciza sin perder nada de su espiritual grandeza, y hasta sus segundos corredores, elegante balaustrada, subía como fuerte castillo, lanzándose desde allí en pirámide de ángulo gracioso, inimitable en sus medidas y proporciones. Como haz de músculos y nervios la piedra enroscándose en la piedra trepaba a la altura, haciendo equilibrios de acróbata en el aire; y como prodigio de juegos malabares, en una punta de caliza se mantenía, cual imantada, una bola grande de bronce dorado, y encima otra más pequeña, y sobre esta una cruz de hierro que acababa en pararrayos.


TEXTOS NARRATIVOS

CONCEPTO: Consiste en contar o relatar sucesos, historias que se suceden en el tiempo. Narramos para informar, para cotillear, para persuadir, para divertir, para entretener... Se puede combinar con cualquier otro tipo de organización del discurso (diálogos, descripciones, explicaciones, etc.)


 Las narraciones se pueden clasificar en:

-Literarias: se cuentan unos hechos o acontecimientos de forma artística y elaborada.
-No literarias: se utiliza  constantemente en la vida cotidiana con los más diversos fines: informar, informar para influir sobre el receptor, compartir experiencias, sensaciones...


Rasgos lingüísticos

-Formas verbales: predominan los verbos en tiempo pasado: indefinido (acciones puntuales terminadas), pretérito perfecto compuesto (acciones pasadas que continúan en el presente o que han sucedido en un pasado cercano), pluscuamperfecto (acción pasada anterior a otra acción pasada)y pretérito imperfecto ( momentos descriptivos o de presentación de marco de la acción). Se emplea también con frecuencia el presente histórico: uso del presente de indicativo como pasado para acercar los hechos al momento en que se cuentan. Lo encontramos en narraciones históricas, resúmenes de relatos, narraciones dentro de una conversación espontánea..., y en general aquellas narraciones en las que se pretende dar más visos de realidad a lo que se cuenta.

-Conectores: fundamentalmente se utilizan conectores temporales: entonces, después, desde que, al día siguiente, etc.


Elementos de la narración

1. Los personajes

Son los que realizan las acciones que relata el narrador. Hay distintos tipos de personajes:

-protagonista: lo que hace, o lo que le sucede, es lo que centra el interés del narrador. En muchos relatos se trata de alguien que pretende conseguir alguna cosa o resolver algún problema; entonces puede aparecer también otro personaje:
-el antagonista, que es el personaje que se opone a las acciones del protagonista e intenta que no consiga su propósito.
-secundarios: los demás personajes que intervengan en la historia acompañando a los anteriores y participando en la acción son los personajes secundarios.

El protagonista puede ser individual, como Lazarillo de Tormes, o colectivo, como la ciudad de Vetusta en La Regenta o el pueblo de Fuenteovejuna.

Según su caracterización pueden ser planos, es decir, no evolucionan ni representan conflictos psicológicos, siempre actúan como se espera de ellos, como los héroes épicos; o redondos, representan conflictos psicológicos propios de los seres humanos, no pueden describirse de una vez, evolucionan a lo largo del relato y su mundo interior es muy complejo, como Jaime Lannister en Juego de Tronos.

2. La acción narrativa

En todo texto narrativo se cuenta una historia: serie de acontecimientos que están relacionados entre sí y que han sucedido en un determinado orden.
Pero una misma historia puede ser contada de formas muy distintas y dar lugar a narraciones diferentes. Compremos el anterior relato de la historia de San Francisco y el leproso con el siguiente:

San Francisco baja de su caballo, abraza al pobre leproso, besa sus llagas y le llama: “¡Hermano!”. El leproso se lo agradece con una sonrisa luminosa que le hace a San Francisco sentir su corazón, ahora sí, aliviado. Se había cruzado con él momentos antes, y le había dado unas monedas, sólo monedas, como limosna. Y se había marchado. Pero reflexionó y volvió sobre sus pasos.
San Francisco monta de nuevo y sigue su camino. Cuando se vuelve para saludar con la mano al leproso, este ya no está. En su lugar ha florecido una rosa.

La historia es la misma pero el orden en que se narran los acontecimientos es distinta: ahora el cuento comienza con el abrazo, y lo que había sucedido antes se narra como para explicar la razón por la que el personaje se comporta así. La estructura de la acción narrativa es diferente. La estructura de la acción es la peculiar manera en la que en un relato concreto se han organizado los acontecimientos que constituyen la historia.
En un relato la acción está constituida por episodios. En este distinguimos claramente tres que coinciden con cada uno de los párrafos: la limosna, el abrazo y la mágica transformación del leproso en una rosa. En una narración más larga los episodios pueden ser más largos.
El orden de estos episodios depende del sentido del texto, es decir, de qué pretenda decirnos el narrador. Pero siempre es posible distinguir, al menos, una situación inicial y una situación final. Los sucesos que ocurren y los actos que realizan los personajes son los que hacen pasar de la una a la otra.
A este esquema básico de situación inicial-actos de los personajes-situación final corresponde un tipo de habitual en muchos relatos: planteamiento, nudo y desenlace.

-planteamiento:  se cuenta quiénes son los personajes, a veces dónde y cuándo sucede la historia y cuál es el problema o conflicto que se les afecta.
-nudo: se desarrolla ese conflicto narrando todo lo que los protagonistas hacen para lograr su propósito o resolver su problema. En los relatos largos suele ser la parte más extensa: múltiples episodios que se van encadenando.
-desenlace: o episodio final, se narra cuál es el resultado, es decir, si el personaje alcanza o no lo que se propone.

No todos los textos narrativos se ajustan a este esquema. Un relato que comienza directamente en la mitad del asunto se denomina “in medias res”, que es lo que sucede, por ejemplo, en Lazarillo de Tormes. A veces se comienza directamente por la situación final, para contar más tarde qué es lo que ha llevado a ese desenlace. Es la llamada narración “in extrema res”, que es lo que sucede, por ejemplo, en el cuento de William Faulkner, Una rosa para Emilia. Comienza con el funeral de la señorita Emilia Grierson, a continuación se cuenta la vida de este personaje para, finalmente, volver al funeral y al descubrimiento que se produce al curiosear en la casa de la difunta.

Cuando murió la señorita Emilia Grierson, casi toda la ciudad asistió a su funeral; los hombres, con esa especie de respetuosa devoción ante un monumento que desaparece; las mujeres, en su mayoría, animadas de un sentimiento de curiosidad por ver por dentro la casa en la que nadie había entrado en los últimos diez años, salvo un viejo sirviente, que hacía de cocinero y jardinero a la vez. […]
El negro recibió en la puerta principal a las primeras señoras que llegaron a la casa, las dejó entrar curioseándolo todo y hablando en voz baja, y desapareció. Atravesó la casa, salió por la puerta trasera y no se volvió a ver más. Las dos primas de la señorita Emilia llegaron inmediatamente, dispusieron el funeral para el día siguiente, y allá fue la ciudad entera a contemplar a la señorita Emilia yaciendo bajo montones de flores, y con el retrato a lápiz de su padre colocado sobre el ataúd, acompañada por las dos damas sibilantes y macabras.

En otras ocasiones el autor prefiere no contarnos cuál es el desenlace de la historia, dejando que sea el lector el que se imagine cómo termina; es lo que se llama final abierto. Un ejemplo sería el siguiente cuento:

Una misteriosa noche de invierno en que llovía sin parar, se me ocurrió bajar al sótano de mi casa en busca de una estufa, pues el ambiente se volvía cada vez más frío por la humedad reinante. Ya abajo, empecé a sentir el sonido de un goteo ininterrumpido. Justo cuando agudicé el oído para definir de dónde provenía, sentí unos pasos firmes, cuya fuerza retumbaba en la oscuridad del lóbrego recinto. Nítidamente percibí que se acercaban cada vez más. De pronto, se cerró la puerta de un solo golpe seco, estruendoso..., entonces, me asusté.

Estuve horas atrapado. Cada vez que intentaba abrir, se sentía un pisotón en la puerta y al rato una risa chillona. Luego de varios intentos me cansé. En eso, vi que la manija se movía produciendo un chirrido espeluznante. Traté de definir a quién pertenecía y me encontré con una cara tan grande como pálida de pelo castaño, largo, unos ojos blancos como la nieve, y una bocaza de labios chuecos con unos dientes negros y torcidos.

Del susto, grité con todas mis fuerzas y “eso” me tapó la boca con su manaza, me golpeó, fue tan fuerte que me desmayé, desde ese momento no tengo nada claro, solo esos ojos blancos...

3. El tiempo narrativo

Hay que distinguir entre tiempo de la historia y del discurso (o de la narración).

-Tiempo de la historia.
¿Cuándo suceden los hechos? Es frecuente que el narrador haga alguna indicación más o menos concreta de la época o del momento: Ayer me pasó una cosa…; El año pasado…; Hace mucho, mucho tiempo… En otros casos el lector puede deducir la época a partir de cómo son los personajes, cómo visten, etc. Pero también puede suceder que no se haga ninguna referencia al tiempo, porque se quiere que el relato tenga una validez universal.

-Tiempo del discurso.
¿En qué orden se han relatado los hechos? En una narración lineal se cuentan en el mismo orden en que sucedieron, pero el narrador puede alterar  ese orden mediante técnicas diferentes. Ya henos explicado el concepto de “in medias res” y “in extrema res”. Además, si lo considera oportuno, el narrador puede introducir en un determinado momento de la historia hechos que sucedieron mucho antes (retrospección, analepsis  o flashback), que suceden más tarde (prolepsis o anticipación) o que están ocurriendo al mismo tiempo en otro lugar (simultaneidad).

4. El espacio narrativo.

Está constituido por el conjunto de referencias que el narrador hace al lugar o lugares donde suceden los hechos. Éste puede ser único (como en el caso de la película Buried (Enterrado), que transcurre en un ataúd de madera en el que el protagonista se encuentra sepultado, o variar de un lugar a otro, como en el caso de El Señor de los Anillos (la Comarca, Rohan, Gondor, Mordor).
En ocasiones el espacio puede estar sólo indicado y en otras descrito por extenso. E este caso, se contribuye e crear un determinado ambiente que produce diferentes sensaciones en el lector.
Para concluir, podemos decir que el espacio puede ser real (Lazarillo va de Salamanca a Toledo) o imaginario (Gondor o Mordor); interior o exterior, etc.

5. El narrador

Es el elemento estructural de la narración, que consiste, en esencia, en la mirada que contempla los hechos narrados y la voz que los cuenta. Autor y narrador no son siempre la misma cosa. Lee detenidamente este breve cuento de Navidad:

Era la primera vez que estaba colgada; las luces a mi lado parpadeando, rojas, azules, amarillas, la sensación de ingravidez… y luego la alegría en la cara de los niños, esas caras de narices grandotas cuando se acercaban a mirarme…
Lo mejor de todo fue la mañana en que, con ojos de sueño, abrieron los regalos primorosamente envueltos, todo lazos, colores, risas, sorpresas.
Pero todo toca a su fin, con mucho cuidado me bajaron del árbol junto con mis hermanas y ahora espero la próxima Navidad desde la oscuridad de una caja de cartón.
Paloma Casado Marco: Memorias de una bola.

La autora se llama Paloma Casado, pero la voz que narra la historia, el narrador, es la propia bola, que habla de sí misma y de y todo lo que sucede se está contemplando desde su punto de vista. El punto del vista de la narración viene condicionado por los siguientes factores:

-Dependiendo de la participación del narrador en la historia, podemos diferenciar entre:

a.     Narrador interno: el autor construye el relato fingiendo que la historia la cuenta uno de sus participantes.
El más frecuente es el protagonista (es el propio personaje el que habla de sí mismo y de lo que le pasó). Este tipo de relato se conoce como narración en primera persona (narración autobigráfica). Es el caso del cuento anterior.
Pero a veces el narrador no coincide con el personaje principal, sino con un personaje secundario que da cuenta de lo que el protagonista hace: es el narrador testigo. Un narrador testigo sería, por ejemplo, Watson en la mayoría de los relatos de Sherlock Holmes.
b.     Narrador externo: relata los acontecimientos desde fuera, no participa de la acción por lo que no suele hacer referencias a sí mismo. Se trata de relatos con narración en tercera persona, como La Regenta de Clarín.

-Dependiendo del conocimiento que el narrador tiene de los hechos, hay dos tipos fundamentales:

a.     Omnisciente: conoce todos los aspectos y detalles del mundo que crea: lo que piensan y sienten los personajes, sus intenciones, su historia anterior e incluso lo que va a pasar con ellos después. La mayoría de los narradores de las novelas realistas del siglo XIX serían un ejemplo.
b.     Objetivista: sólo muestra lo que los personajes hacen o dicen, es como si captara su conducta y sus palabras con una cámara de vídeo. Éste fragmento sería un ejemplo:

Entonces una joven del laboratorio llamó y entró. Vestía pantalones y blusa blanca, y llevaba una bandejita con cosas que puso sobre la mesilla de noche. Sin decir palabra, sacó sangre del brazo del niño. Howard cerró los ojos cuando la enfermera encontró el punto adecuado para clavar la aguja.
Raymond Carver: Parece una tontería.

-dependiendo de cuándo el narrador cuenta los hechos (tiempo del narrador), nos encontramos con:

a.     Narraciones en pasado: los hechos supuestamente han sucedido con anterioridad.
b.     Narraciones en presente: los acontecimientos están sucediendo en el mismo momento en que el narrador los cuenta (sería el caso de las retransmisiones deportivas por radio y televisión).
c.     Narraciones en futuro: mucho más infrecuentes, en las que el narrador cuenta los hechos como si aún no hubieran sucedido. Un ejemplo es el siguiente fragmento del cuento de Carlos Donatucci Tiempo futuro:

Mañana iré a encontrarme con mi destino. Lo haré sin temor alguno, como corresponde a una persona de coraje. Tomaré el colectivo para dirigirme a la empresa que publicó el aviso de trabajo que tanto necesito. Me sentaré en uno de los asientos de a uno, junto a la ventanilla, como suelo hacerlo. Me quedaré irremediablemente dormido. Un hilo de baba caerá sobre mi saco para desagrado de todos los presentes. Me despertaré y trataré de limpiarlo con el pañuelo. No sé si lo lograré.

-dependiendo de si el narrador opina o no de los hechos que relata:

a.     Objetivo: se limita a contar lo que los personajes hacen o dicen sin hacer valoración alguna.
b.     Subjetivo: interviene en algunos momentos, a veces interrumpiendo el hilo del relato, para valorar y juzgar los hechos y dar su propia opinión, con lo que condiciona la interpretación del lector.

En los relatos la voz del narrador alterna con la de los personajes (diálogo).

PRÁCTICA DE TEXTOS NARRATIVOS

Realiza un comentario de texto indicando: a) tema;  b) características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes; c) qué tipo de texto es.


SONATA DE OTOÑO, VALLE INCLÁN.

«¡Mi amor adorado, estoy muriéndome y sólo deseo verte!». ¡Ay! Aquella carta de la pobre Concha se me extravió hace mucho tiempo. Era llena de afán y de tristeza, perfumada de violetas y de un antiguo amor. Sin concluir de leerla, la besé. Hacía cerca de dos años que no me escribía, y ahora me llamaba a su lado con súplicas dolorosas y ardientes. Los tres pliegos blasonados traían la huella de sus lágrimas, y la conservaron largo tiempo. La pobre Concha se moría retirada en el viejo Palacio de Brandeso, y me llamaba suspirando. Aquellas manos pálidas, olorosas, ideales, las manos que yo había amado tanto, volvían a escribirme como otras veces. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Yo siempre había esperado en la resurrección de nuestros amores. Era una esperanza indecisa y nostálgica que llenaba mi vida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimera dormida en el fondo de los lagos azules, donde se reflejan las estrellas del destino. ¡Triste destino el de los dos! El viejo rosal de nuestros amores volvía a florecer para deshojarse piadoso sobre una sepultura.

¡La pobre Concha se moría!

Yo recibí su carta en Viana del Prior, donde cazaba todos los otoños. El Palacio de Brandeso está a pocasleguas de jornada. Antes de ponerme en camino, quise oír a María Isabel y a María Fernanda, las hermanas de Concha, y fui a verlas. Las dos son monjas en las Comendadoras. Salieron al locutorio, y a través de las rejas me alargaron sus manos nobles y abaciales, de esposas vírgenes. Las dos me dijeron, suspirando, que la pobre Concha se moría, y las dos, como en otro tiempo, me tutearon. ¡Habíamos jugado tantas veces en las grandes salas del viejo Palacio señorial.

TIEMPO DE SILENCIO, LUIS MARTÍN SANTOS.

“Cuando llegué, ya estaba muerta”, fue lo primero que contra toda evidencia dijo y se puso rojo de vergüenza porque aquello no era más que una disculpa dirigida a calmar el odio de la madre, la cual no había nacido para odiar, sino que intentó consolarle: “Usted hizo todo lo que pudo”, antes de empezar a gritar, antes de arrojarse sobre la hija muerta y besar los labios que probablemente no había besado desde que –cuando era una niña– tuvieron, tras haber mamado, el propio sabor de la propia leche, antes de golpear al hombre que tenía al lado y de arañarle el rostro que hoy se dejaría arañar a pesar de su naturaleza de señor que, mañana indeclinablemente, volvería a adoptar y que continuaría oprimiéndola como un aro de hierro contra el suelo.

Cuando la madre comenzó a gritar, todas a una gritaron también las plañideras. Como si desde siempre estuvieran preparadas a las muertes prematuras, las plañideras vestían ya previamente ropajes negros al irrumpir en el máximo número posible (que no era mucho) en la cámara mortuoria.

–¡Desgraciado!– gritó una ante el cirujano como si fuera a escupirle, alzando dos manos crispadas que, cuando ya iban a alcanzarle, se volvieron contra el propio rostro golpeándolo con fuerza–. ¿Qué has hecho de mi florecita? –¡Mirarla! ¡Como un ángel!– se extasió una mujer de brazos remangados que, quizá por haber tomado parte antes en las manipulaciones del mago, creyera haber colaborado en la obra de arte.

Efectivamente, habiendo perdido la excesiva turgencia de su edad pudenda y de sus comidas bastas, estaba la pobre embellecida.
–Como si durmiera, se ha quedado.

MEDIUM, PÍO BAROJA.

Román languidecía, y para distraerle, su madre le compró una hermosa máquina fotográfica. Todos los días íbamos a pasear juntos, y llevábamos la máquina en nuestras expediciones.

Un día se le ocurrió a la madre que los retratara yo a los tres, en grupo, para mandar el retrato a sus parientes de Inglaterra. Román y yo colocamos un toldo de lona en la azotea, y bajo él se pusieron la madre y sus dos hijos. Enfoqué, y por si acaso me salía mal, impresioné dos placas. En seguida Román y yo fuimos a revelarlas. Habían salido bien; pero sobre la cabeza de la hermana de mi amigo se veía una mancha oscura.
Dejamos a secar las placas, y al día siguiente las pusimos en la prensa, al sol, para sacar las positivas.
           
Ángeles, la hermana de Román, vino con nosotros a la azotea. Al mirar la primera prueba, Román y yo nos contemplamos sin decirnos una palabra. Sobre la cabeza de Ángeles se veía una sombra blanca de mujer de facciones parecidas a las suyas. En la segunda prueba se veía la misma sombra, pero en distinta actitud: inclinándose sobre Ángeles, como hablándole al oído. Nuestro terror fue tan grande, que Román y yo nos quedamos mudos, paralizados. Ángeles miró las fotografías y sonrió, sonrió. Esto era lo grave.

Yo salí de la azotea y bajé las escaleras de la casa tropezando, cayéndome, y al llegar a la calle eché a correr, perseguido por el recuerdo de la sonrisa de Ángeles. Al entrar en casa, al pasar junto a un espejo, la vi en el fondo de la luna, sonriendo, sonriendo siempre.

¿Quién ha dicho que estoy loco? ¡Miente!, porque los locos no duermen, y yo duermo... ¡Ah! ¿Creíais que yo no sabía esto? Los locos no duermen, y yo duermo. Desde que nací, todavía no he despertado.